Asombro e indignación
Uno se debate entre el asombro y la indignación cuando lee que Butros-Gali ha ofrecido a Andréi Kózirev la colaboración de la ONU para organizar elecciones democráticas en Chechenia. Pronto, sin embargo, el primer sentimiento desaparece y el ánimo queda ocupado en exclusiva por el segundo. Al fin y al cabo, la misma ONU que ha claudicado una y otra vez ante la agresión serbia a Bosnia no iba a ser más firme con los rusos. Cuando aún humea el palacio presidencial, cuando continúan, los combates en Grozni, cuan do se anuncia una larga guerra en el Cáucaso, la ONU habla de elecciones democráticas y además lo hace sólo con una de las partes en conflicto. Si de crear las condiciones para la celebración de elecciones democráticas se trataba-se han perdido' tres años al menos y se ha elegido un método -una brutal agresión que no parece el más adecuado para conseguirlo.Sorprende la lentitud y tibieza de la reacción internacional ante lo ocurrido. Se diría que los Gobiernos occidentales y las organizaciones internácionales esperaban que una intervención militar rápida y limitada bastaría para derrocar a Dudáiev e instaurar en su lugar un. régimen más dócil a los deseos de Moscú. La tenaz resistencia, chechena amenaza, sin embargo, con sumir a la propia Rusia en la inestabilidad, y eso es algo que los democráticos Gobiernos occidentales y la ONU no pueden permitir. Así mientras europeos y norteamericanos se contentan con reprender suavemente a Yeltsin, la ONU, en un magno ejercicio de hipocresía, da por buenos sus pretextos para la agresión y le ofrece ayuda para organizar las elecciones.
Yeltsin, al que posiblemente le ve como un mal menor frente a la posibilidad. de un golpe del Estado militar, quizá consiga mantenerse en el poder -aunqué no debemos olvidar que Occidente apostó también por Gorbachov sin percatarse de su absoluto desprestigio interno-, pero el conflicto de Chechenia está lejos de terminar y además en cualquier momento pueden surgir. problemas similares en otros puntos de la Federación Rusa y en las repúblicas del Asia central. En muchos lugares, el islam se convertirá en el elemento aglutinador frente a la presencia rusa. El recurso a la fuerza -sancionado por la comunidad interna:cional en Bosnia y Chechenia- será una tentación permanente y no podemos dudar de que será utilizado.
Lejos de asegurar la estabilidad de Rusia, Occidente habrá contribuido a la multiplicación de los conflictos. No olvidemos, por otra parte, que la próxima muerte de Deng Xiaoping puecte desatar una lucha por el poder en China y reavivar movimientos independentistas en el Tíbet y Sinkiang. El Cáucaso y el Asia central pueden ser escenario de un enfrentamiento en que se vean envueltos Rusia, Turquía, Irán, Pakistán, India y China-


























































