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San Fernando aplaza el realojo de los chabolistas de la riada

San Fernando de Henares

Luis María do Santos, portavoz de las más de 30 familias de gitanos portugueses asentados en el arcén de la carretera en San Fernando de Henares (27.000 habitantes), se muestra pesimista sobre las reiteradas promesas hechas por las autoridades desde hace cinco años para realojarles en viviendas prefabricadas.El 3 de diciembre de 1989, el desbordamiento del río Jarama a su paso por esta localidad arrasaba las chabolas de las familias chabolistas, asentadas en el lugar cinco años antes.

En un primer momento, una comisión formada por representantes del Ministerio de Asuntos Sociales, la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de San Fernando de Henares y la Embajada portuguesa se comprometieron a realojar a las 34 familias que se encontraban censadas en el municipio en casas prefabricadas.

Jesús Sánchez, concejal de urbanismo de San Fernando de Henares, ha explicado que fue imposible instalar las casas prefabricadas en un terreno municipal debido a la protesta de los propietarios de tierras colindantes, y hubo que buscar otra parcela. El suelo necesario, 35.000 metros cuadrados, se consiguió tras la firma de un convenio con Lorenzo Sanz, promotor inmobiliario y vicepresidente del Real Madrid. El acuerdo entre Sanz y el Ayuntamiento de San Fernando establecía lo siguiente: el promotor cedía por cinco años una parcela para realojar a las familias chabolistas, y a cambio, el municipio se comprometía a aprobar la urbanización de otros terrenos de Sanz para que éste pudiera hacer un polígono empresarial. Pero las acusaciones de supuestas irregularidades en la recalificación de terrenos a Lorenzo Sanz y la posterior intervención del fiscal jefe de Madrid desaconsejando la operación han paralizado el realojo, según el concejal Jesús Sánchez. Éste asegura que el proyecto para construir el nuevo asentamiento para las, familias chabolistas está hecho desde hace tiempo y que el Ayuntamiento tiene presupuesto para ello. Entre los afectados, sin embargo, se extiende la sospecha de que las promesas no van a llegar a cumplirse, dado el tiempo que ha transcurrido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de diciembre de 1994