Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Leguina compara los datos de sus logros con los fracasos del PP en el municipio

JAVIER CASQUEIRO Joaquín Leguina aprovechó ayer el debate anual de examen a la Comunidad de Madrid -que él preside desde 1983- para resumir la transición de un territorio que dice haber recogido aquel año en estado comatoso a una región que piensa dejar al final de esta legislatura "moderna, justa y reequilibrada". El tono del discurso fue de legado y, aparentemente, de despedida. El presidente madrileño obvió temas tan palpitantes como la corrupción, los escándalos de su Administración (casos Renfe, Atocha e Ibercoop), la inseguridad ciudadana o la crisis política de su partido y su traducción en sangría de votos. Pero no reparó en gastos al arremeter contra el Ayuntamiento de Madrid.

El presidente regional planteó cinco críticas contra la institución vecina que gobierna José María Álvarez del Manzano, del PP. Y a continuación incluyó lo datos de las grandes aportaciones que, a su juicio, ha logrado la Comunidad bajo su mandato. La pretensión comparativa era evidente.

Leguina, eso sí, no dejó pasar la ocasión para recordar los miles de millones invertidos en mejorar la calidad de vida en esta comunidad autónoma y se guardó para el penúltimo párrafo de su hora y cuarto de intervención la alusión más enigmática sobre su futuro: "Creo haber colaborado en la medida de mis fuerzas en una andadura política relevante y, lo que para mí resulta más satisfactorio aún, en coherencia con las ideas y los principios que he mantenido, mantengo y espero seguir manteniendo: las ideas, los principios y los objetivos del socialismo. Los avatares políticos futuros dirán dónde estaremos cada uno de nosotros; sea cual sea mi destino, espero seguir teniendo "la misma tranquilidad de conciencia que hoy tengo al dirigirme a ustedes".

Fue una de las pocas menciones personales que se permitió. Ultimo folio, página 24. Otra la plasmó justo en el párrafo anterior: "La Comunidad cumplirá en los próximos meses su decimosegundo año de existencia; y con ella, si la mayoría de esta cámara no opina otra cosa, yo celebraré como presidente ese aniversario".

Leguina inició su discurso esbozando el escenario macroeconómico internacional -que él suele denominar "el mundo mundial"- para descender hasta Madrid y asegurar que se aventuran buenos vientos en la industria, el empleo o las inversiones extranjeras.

PASA A LA PÁGINA 3

Leguina acusa a la derecha de oportunista por apoyar ahora el 0,7% y criticarle antes su ayuda a Nicaragua

VIENE DE LA PAGINA 1Alertado ante el mensaje "catastrofista" que prevé le lanzará hoy el PP, Leguina se apresuró a enumerar los logros y a perfilar la identidad "socialista" de su Consejo de Gobierno. Antes envió algunas píldoras a los líderes políticos que basan sus propuestas en las comparaciones: "Lo más fácil, y a ello se ha recurrido y se recurre abundantemente, consiste en la reivindicación o el agravio respecto a los demás. 'Somos, pero no nos dejan existir', suele ser el argumento. Primario, pero eficaz. La Comunidad de Madrid no ha querido caer en esa simpleza".

Leguina argumentó que la Comunidad tiene sentido si es útil. Defendió su polémica y descartada iniciativa de recargar con un 3% el impuesto de la renta de las personas físicas (IRPF), criticó al Abc -"el más vetusto diario de esta capital"- y a todos los que entienden la política como "politiquería".

Al comenzar sus andanadas contra el Ayuntamiento de Madrid, su gran objetivo, gobernado desde hace casi seis años por el PP, dedicó unos varapalos globalmente a la derecha: "Es llamativo el contraste entre este edulcorado discurso actual de la derecha a favor del 0,7% y la realidad de las políticas que se practican allá donde, tan cerca de nosotros, gobierna. Ahí, tan cerca, se han abandonado buena parte de los servicios sociales y cualquier política de redistribución es ya un recuerdo". Leguina recordó lo mucho que le ha cuestionado siempre la derecha sus programas para construir casas en Bolivia o Nicaragua.

En ese momento se explayó sobre el comportamiento del Ayuntamiento de la capital: puestos a aplaudir a todos y a no exigir a nadie, ahí están como resultado los aparcamientos en doble, triple o cuádruple fila que hacen insufrible la ciudad, o zonas enteras de este Madrid convertidas en vertedero".

Frente a esto, la contraposición: "¿Qué hemos hecho nosotros? Tomarnos la democracia en serio". Ejemplos: 45.000 viviendas en 12 años, 20.000 rehabilitaciones, utilizar el transporte público para el reequilibrio territorial, impulsar 76 nuevos planes generales de urbanismo, carreteras, el Consorcio Regional de Transportes, ampliar el metro...

Leguina se reservó para el aspecto medioambiental de su discurso el único anuncio concreto de la jornada: "En las próximas semanas, el Consejo de Gobierno aprobará un Plan Regional de Saneamiento y Depuración" para lograr la depuración del agua en prácticamente el 100% de las poblaciones madrileñas. La supuesta conciencia ecológica de su Gobierno le sirvió para afirmar que está en contra de la incineradora de Valdemingómez y para añadir que de poco sirven sus buenas intenciones "si en la mayor de nuestras ciudades ni se habla del fenómeno que más ataca al medio urbano: el tráfico" y la "tiranía motorizada".

Al Gobierno central (PSOE), sólo un dardo: "La forma en como actúa la Administración del Estado respecto a las funciones que traspasa es perjudicial para Madrid, puesto que por la vía de repartir el coste central en función del periférico se financian otras comunidades con costes que estaban financiando previamente servicios en Madrid".

El presidente del PP en la Asamblea, Alberto Ruiz Gallardón, destacó que Leguina había intentado justificar con un "testamento" lo que no ha hecho en 12 años de gobierno con tres billones de pesetas. Lamentó "las obsesiones enfermizas" del presidente regional con la prensa y el Ayuntamiento.

Isabel Vilallonga, la portavoz de IU, se mostró defraudada porque Leguina olvidará -"debe ser amnesia"- el papel de IU en estos últimos cuatro años en el impulso de programas claves, sobre todo, en el terreno social. Vilallonga echó en falta una actitud menos complaciente con el Estado. El portavoz de CC OO valoró la cita al Pacto por la Industria, pero cuestionó que esos acuerdos no se hayan llevado bien a la práctica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de noviembre de 1994

Más información