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Editorial:

El error de EE UU

LA DECISIÓN de Clinton de anular bruscamente la participación de EE UU en la vigilancia del. embargo impuesto por la ONU al suministro de armas a los bandos combatientes en Bosnia representa un golpe muy serio a todos los esfuerzos para limitar las hostilidades en la antigua Yugoslavia. Estados Unidos había votado la imposición del embargo en el Consejo de Seguridad, así como, en la OTAN, la adopción de las medidas necesarias para su aplicación.Se trata de un viraje que echa por tierra la credibilidad internacional norteamericana y abre un serio conflicto con sus aliados europeos. La única explicación plausible es que Clinton ha cedido a la presión de los ganadores en las últimas elecciones, los republicanos, ahora mayoritarios en las dos cámaras. Estos vienen pidiendo desde hace tiempo el fin del embargo, para que sea posible rearmar a conciencia al Gobierno de los musulmanes de Bosnia. Es cierto que Clinton sólo aplica la. medida a medias: abandona las tareas de vigilancia, pero mantiene políticamente el embargo. Una incoherencia, por otra parte, que demuestra hasta qué punto no hay en la Casa Blanca un verdadero designio de política exterior, al menos en lo referente a esta parte del mundo.

Con razón la UEO, el organismo de defensa europeo, ha reafirmado la voluntad de sus Estados miembros de mantener el embargo, la presencia de los cascos azules en la zona y las misiones vitales que cumplen para socorrer a la población civil, así como revitalizar el papel del Grupo de Contacto (EE UU, Rusia y Europa), que diseñó un reparto del territorio aceptado por todas las partes, salvo los serbios de Bosnia. Ese proyecto, aun siendo gravemente injusto porque cede la parte del león a los serbios, es una base verosímil de acuerdo.

Es tanto más absurda la decisión de EE UU en cuanto que, en la práctica, Bosnia, sobre todo reforzada por su reciente alianza militar con Croacia, ha podido paliar los efectos del embargo; el suministro de armas ha sido más que suficiente para que el Gobierno de Sarajevo lanzara una reciente ofensiva, inicialmente victoriosa, en la zona de Bihac. Pero seria un tremendo error creer que gracias a esos avances se anunciaba la posibilidad de una solución militar, a la guerra. Prueba de ello es que los serbios han reconquistado ya gran parte de lo perdido y presionan ahora fuertemente sobre la propia ciudad de Bihac. Estados Unidos, siempre por razones de política interior, presiona ahora a sus aliados europeos para que aprueben la prohibición, que sería de cretada por la ONU, del uso de armas pesadas en torno a la capital del enclave. Con ello, Washington esperaría impedir la entrada de los serbios de Bosnia en la ciudad, y salvar así la cara de una política caracterizada por su confusión.

Si EE UU jugara la carta de la solución militar -cuidando, al mismo tiempo, de no tener ni un solo soldado sobre el terreno-, ello podría conducir a la generalización de la guerra. El líder de Belgrado, Slobodan Milosevic, difícilmente podría mantener su actitud condenatoria contra el Gobierno serbio-bosnio de Pale si se produjera un nuevo planteamiento internacional basado en el apoyo al Gobierno de Sarajevo. Serbia entraría directamente en la guerra, lo que, a su vez, empujaría a Croacia a hacer otro tanto en favor del Gobierno de mayoría musulmana, con el riesgo de qué el conflicto pudiera extenderse a Kosovo, Macedonia y otros países de la zona.

Es cierto que el camino escogido por la UEO de apoyar el plan de paz del Grupo de Contacto, y de presionar a EE UU para que no abandone una posición básicamente negociadora, está ahora mucho más plagado de obstáculos. Pese a ello, ése es el único plan de acción viable en la medida en que cuenta con el apoyo de la comunidad internacional y (le las partes en el conflicto, salvo el mencionado de los serbios de Pale. Las flaquezas y medias tintas de Washington sólo' pueden acuciar a los contendientes a tratar de mejorar su posición militar sobre el terreno a la espera de nuevas rondas negociadoras de paz. Y ya se ha probado demasiadas veces para volver a recomenzar todo el proceso. En los Balcanes la peor política es siempre la de querer apagar el fuego con el fuego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de noviembre de 1994