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Tribunal con zona VIP

La comparecencia de ayer de los tres directivos del Banco Bilbao Vizcaya fue muy diferente a la del pasado día 27 de abril, cuando los banqueros declararon como testigos y a su llegada hubo carreras, tropiezos y caras desencajadas. Ayer todo fue mucho más aséptico, milimetrado y organizado. Tanto, que incluso se habilitó una zona de acceso exclusivo, restringida a los declarantes y sus abogados y por la que deambularon durante las casi siete horas que duró la comparecencia una docena de consejeros del BBV, convenientemente separados de los informadores. La relevante representación del Banco Bilbao Vizcaya estuvo encabezada por el vicepresidente de esa entidad, Javier Gúrpide, y por el consejero delegado, Pedro Luis Uriarte.

Las declaraciones se efectuaron en una de las salas de la antigua Audiencia Provincial, recientemente rehabilitada y que hasta ayer sólo había sido utilizada para la recepción al Rey tras la solemne ceremonia de apertura de los tribunales. En el exterior de la sala de audiencias, a una decena de metros, periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión fueron situados tras unas vallas metálicas, defendidas por más de una veintena de agentes, entre miembros de la Guardia Civil, policías antidisturbios y vigilantes de la seguridad privada del palacio de justicia.

Los banqueros estuvieron protegidos por el mayor dispositivo de seguridad jamás visto en una comparecencia judicial en el Tribunal Supremo. Los informadores no tuvieron acceso directo a los banqueros, aunque los servicios de prensa del BBV garantizaron que harían declaraciones tras las vallas según fueran saliendo.

La docena de miembros del consejo de administración del BBV que arropó la comparecencia de sus compañeros más influyentes aguantaron a pie firme las casi siete horas de declaraciones, sin más deserciones que un par de visitas a los bares de las proximidades.

Al filo de las diez de la noche, rodearon a su presidente, Emilio Ybarra, y escucharon sus explicaciones antes de que éste se dirigiera a los medios informativos para manifestarles su sorpresa por haber tenido que comparecer por segunda vez ante el juez instructor del caso Filesa, y porque, según dijo, "no he conseguido que nadie me aclare bien los conceptos de esta declaración".

Tras la comparecencia, una lujosa caravana de Jaguar, Mercedes y BMW abandonó las inmediaciones del Palacio de Justicia, Castellana abajo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de octubre de 1994