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Reportaje:EL LABERINTO DE LA ADMINISTRACIÓN

¿De que van los colegios profesionales?

Un colegio rechaza proyectos de uno de sus afiliados, de origen extranjero, porque su cualificación es superior

Los colegios profesionales cumplen una función social, pero ésa no es la sensación que se desprende, en algunas ocasiones, de sus actividades. A veces, se convierten en parapeto de monopolios en favor de sus afiliados y obstaculizan el acceso al colectivo y se reservan el privilegio y exclusividad para el ejercicio de una profesión. En este caso, el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales negaba el visado a proyectos de uno de sus colegiados, al que en ningún momento dejó de cobrar su cuota mensual, poniendo en duda su cualificación profesional.

Vasiliu se pone furioso. Rehúsa establecer ningún paralelismo entre su pasado y el tema que estos días le corroe los nervios. Pero la comparación resulta inevitable. Pasó muchos meses en la cárcel, por intentar huir de la atroz dictadura de Ceaucescu como para saber de qué van las burocracias.Liviu Vasiliu está nacionalizado español. Entró en el país en búsqueda de asilo político con la ropa que llevaba puesta, su esposa y dos hijos como todo equipaje. Traía consigo un único capital, su titulación: ingeniero especialista en electrónica por el Instituto Politécnico Gheorghe Gheorghiu-Dej de Bucarest (Rumania).

Llevaba años desempeñando trabajos de su especialidad en la red eléctrica de Rumania. Con este currículo y su enérgica decisión de buscarse la vida en cualquier parte del mundo encontró trabajo enseguida. Sólo le faltaba homologar su título, tarea en la que no pensaba invertir excesiva dedicación.

Situaciones como la suya se presentan miles en España. La Subdirección General de Títulos, Convalidaciones y Homologaciones está desbordada ante los millares de peticiones que se le presentan. Los expedientes tardan en resolverse. Unas veces por exceso de trabajo. Otras por la picaresca que esconden. Hay gente muy avispada en falsificar títulos; intentan colar cualificaciones inexistentes. Los hay que han comprado licenciaturas en países del Cono Sur por medio millón de pesetas y trabajan como abogados rampantes en Madrid o Barcelona.

Vasiliu ha tenido suerte en esta ventanilla. Le han resuelto con relativa prontitud (un año) la homologación de su título por el equivalente español de ingeniero industrial, si hacía un examen global, y por el de ingeniero técnico de manere automática.

Con su título español caliente, acudió al Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Madrid, Cuenca, Guadalajara y Ávila para inscribirse como colegiado. Le asignaron el número 13.577 y comenzaron a girar a su cuenta bancaria las cuotas correspondientes de afiliación; 3.000 pesetas al semestre. Para Vasiliu era un simple trámite.

-No necesito la colegiación absolutamente para nada. Me trae al fresco.

Cierto. Porque ha tenido el coraje, a sus 48 años, de volver a clavar los codos y prepararse los dos exámenes para revalidar su título de ingeniero superior. El pasado 27 de septiembre, la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid le aprobó y dió por buena la homologación de su título rumano.

De todo esto no saben nada en el Colegio de Ingenieros Técnicos, entidad que agrupa a los especialistas de menor rango académico y profesional del que ostenta Vasiliu. No quiere que lo sepan. El problema ha surgido cuando el 15 de septiembre pasado Valiliu acudió por primera vez a visar dos proyectos de montajes eléctricos suyos. Se suelen resolver en el acto o al día siguiente. Comenzaron a darle largas y ponerle pegas.

Previamente este colegio había recurrido ante la Audiencia Nacional la homologación del título del rumano en base a que "resulta imposible jurídicamente la equiparación acordada, por cuanto ni siquiera ostenta al parecer un auténtico título, sino un simple diploma y, de admitirse como título, su equivalencia, dada su denominación, sería a ingeniero industrial....

-Son idiotas. ¿Qué se han pensado?. Vasiliu no acierta a comprender el empecinamiento del colegio para torpedear su cualificación.

-Me importa un bledo que me reconozcan o no el título, pero no tienen derecho a hacerlo. Lucho para que no les ocurra ésto a otros.

Le llamaron para decirle que no le visaban los proyectos porque "había un problema sobre su colegiación, todavía provisional, que necesitaban más copias de los proyectos... Vasiliu se irritó y pidió hablar con el decano del colegio, Gregorio Tierraseca Palomo, para aclarar dudas.

-Nunca estaba o me decían que no se podía poner al teléfono. El secretario del colegio siempre comunicaba. ¡Son pérfidos! Quieren que la víctima sea el inculpado y se ponga a implorar; a llorarles. Yo no estoy dispuesto a hacerlo. Me pregunto qué es eso: ¿xenofobia?, ¿corporativismo?, ¿temor a la competencia?, ¿suposiciones? No encuentro ninguna motivación moral.

Vasiliu amenazó con denunciar su caso a la prensa si no le escuchaban y volvió airado a su trabajo.

El pasado jueves por la mañana, EL PAÍS solicitaba una entrevista con Tierraseca para conocer la posición del colegio pero dijeron que estaba ilocalizable. Minutos después, Vasiliu recibía una llamada del colegio para comunicarle que sus visados estaban resueltos favorablemente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de octubre de 1994