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INAUGURACIÓN DE 'LA PEINETA'

El plusmarquista Colin Jackson define el estadio como un lugar "extraño e inquietante"

Powell, Privalova y Zúñiga corrieron campo a través al quedar atrapados en un atasco

Con las interminables piernas de Mike Powell, la velocidad de Dennis Mitchel y los altos vuelos de Javier Sotomayor, llegó anoche a Madrid la magia del atletismo. Veintiuna mil personas asistieron a la inauguración del Estadio de la Comunidad, un recinto que por primera vez trae a la capital la posibilidad de ver en directo a las estrellas del deporte rey. "Es un estadio interesante, extraño", declaró anoche a EL PAÍS el campeón del mundo y plusmarquista de 110 metros vallas Colin Jackson, que anoche logró su mejor marca del año. "Que el público sólo esté a un lado del estadio y a tanta altura puede ser inquietante, incluso incómodo para algunos atletas", añadió el atleta galés de origen jamaicano, que pisaba por primera vez Madrid.

El estadio -cuya única y empinada grada le ha valido el nombre de La Peineta- comenzaba' más tarde de lo previsto su fiesta de inauguración. Un atasco impresionante colapsó los accesos y tres de las estrellas de la noche, Mike Powell, Irina Privalova y Maite Zúñiga, tuvieron que bajarse del autobús en el que viajaban y correr campo a través hacia el recinto para llegar.Con un montaje del grupo de teatro Comediants comenzaba, pasadas las 20.30 horas, una inauguración en la que se han invertido 65 millones de pesetas y cuya recaudación de taquilla irá a parar a las instalaciones deportivas de Sarajevo. Diablos, duendecillos y estandartes invadieron el recinto. "Es la batalla del si contra el no. La comedia se ríe de la tragedia", declamaba una voz por una deficiente megafonía, que convirtió los discursos inaugurales de Juan Antonio Samaranch y de Joaquín Leguina en inaudibles.

El montaje -con fuegos artificiales, globos y humo de colores- recordó al que este mismo grupo ofreció en la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona. "Parece un resumen", comentó un espectador. Sin embargo, en la gradas, familias enteras disfrutaron al ver en directo el humo rojo y los fuegos artificiales que en 1992 sólo habían visto por televisión.

Antes del espectáculo, Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional, inauguró el estadio colocando en los hombros del presidente regional, Joaquín Leguina, una ostentosa condecoración olímpica. Era el reconocimiento a "una política de creación de instalaciones deportivas en todos los pueblos de la región, que se debe al entusiasmo y apoyo del presidente de la Comunidad". Samaranch calificó el estadio de "magnífico y singular".

Ejercicios de concentración

La auténtica fiesta comenzó anoche con la salida a las pistas de los campeones mundiales. Los ejercicios de concentración de Powell y Mitchell -que tiró sus escandalosas zapatillas amarillas al público- formaron parte del mejor espectáculo. Los interminables fallos técnicos y la deficiente dotación -en ningún marcador aparecían las marcas- no aguaron la velada.

"Yo de mayor quiero ser atleta", decía un niño de 12 años, que había pagado las 1.000 pesetas de la entrada y que había llegado caminando desde su casa de Canillejas. El estadio apareció limpio y ordenado en el día de su estreno. A pesar del lleno absoluto, uno de los espectadores comentó: "Es tan grande que parece que está vacío".

A las nueve menos diez minutos se encendían las cuatro torres de luz que iluminaban la pista. Desde la única y empinada grada se podía ver gran parte del perfil de Madrid. Una mujer exclamó sujetando a su hijo: "Esto es muy alto, no subimos".

7.500 millones

La construcción del estadio diseñado por los arquitectos Antonio Cruz y Antonio Ortiz ha arañado, durante los cuatro años que han durado las obras, 7.500 millones de los presupuestos públicos. A ésta cifra habrá que sumar los 892 millones por los cuales han sido contratadas las futuras obras en el exterior del estadio. Éstas dotarán a sus inmediaciones de una pista artifical de esquí, un campo de golf de 18 hoyos, un circuito para hípica, piscinas y pistas de tenis y de paddle.

Sólo 9.000 personas de las 20.000 ayer presentes pasaron por taquilla. El resto de los asistentes al flamante estreno (alcaldes y concejales de la mayoría de los pueblos madrileños, autoridades, atletas, deportistas de diversas especialidades, miembros del colegio de arquitectos, personalidades de la cultura y el ocio, empresarios, periodistas...) entró con invitación.

El estadio, cuyo mantenimiento anual asciende a los 200 millones de pesetas, abrirá sus puertas nuevamente a mediados de mes para un torneo de fútbol con los cuatro equipos madrileños de Segunda División: Leganés, Getafe, Rayo Vallecano y Real Madrid B.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de septiembre de 1994