A ruido no ganan
Los aficionados europeos siguen marcando la pauta en eso de animar

Estados Unidos se va a llevar el oro, pero no los más grandes y ruidosos aplausos. Porque en el noble y difícil arte de la animación, tienen todavía mucho que aprender por estos lares. El pseudo Dream Team despierta atención, pero no levanta pasiones más allá de intentar ponerse al lado de Shaquille O'Neal o sacar una foto con una cámara automática a 100 metros de distancia y en la que seguramente no se verá nada al revelarla. Canadá no es Estados Unidos, aunque se parezca demasiado, y muy poca gente ha cruzado la frontera para seguir a su equipo. Eso no se estila en Norteamérica. En las antípodas de esta aséptica forma de seguir a sus equipos, están los europeos, en especial españoles, croatas y griegos. Un grupo de españoles escaso en efectivos, pero incansable en su apoyo se concentra partido tras partido en las zonas altas del pabellón de Hamilton. Ataviados en su mayoría con camisetas rojigualdas, hacen más ruido que los 10.000 restantes. En los descansos desaparecen por arte de magia. ¿Necesidades fisiológicas? No. El estadio es No Smoking [prohibido fumar], por lo que se ha habilitado un zona fuera para echar el pitillito. Alli se reorganizan, comentan la jugada y cogen fuerza.
De los griegos hay pocas cosas que no se haya dicho. Existe en Toronto una colonia tan numerosa que cuentan hasta con un canal de televisión que retransmite los partidos en griego. Banderas, pancartas reinvidicativas ("Sólo hay una Macedonia, la Macedonia griega") y bronca, mucha bronca. Adoran a sus jugadores, en especial a Yannakis y Fasulas, y un puñetazo en la cara del rival nunca puede ser personal.
Y por último están los croatas. Esto es otra historia. Vienen en oleadas. En el último encuentro ante Australia eran unos 5.000. Plantan sus enormes banderas y destilan pasión deportivo-político-nacionalista. No hay otro Dream Team que el suyo, y tampoco falta el recuerdo a Drazen Petrovic ("Drazen forever"). Y yo que me olvidé mis tapones de cera.
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