Entrevista:

"Me temo que no llegaré a la madurez"

"Me temo que nunca llegaré a la madurez". Enrique Morente, granadino, de 48 años, es la referencia principal de todos los artistas jóvenes flamencos, pero se resiste a cualquier tipo de reconocimiento. Hoy, en plenitud de facultades, continúa la búsqueda. En septiembre abrirá la bienal flamenca de Sevilla; la clausurará con un Réquiem que prepara con el bailaor Mario Maya, y entre medias actuará con una orquesta de cámara cantando versos de poetisas hispanohablantes. Luego, en otoño, presentará su propio sello discográfico.Pregunta. ¿Existe aún la controversia entre el flamenco clásico y el experimental?

Respuesta. El público y los artistas más jóvenes están acostumbrados a cualquier experiencia nueva, pero todavía quedan residuos de puritanismo. Los puristas hacen observaciones acertadas porque no todo lo nuevo es forzosamente atinado.

P. Los jóvenes flamencos provienen de casi todo el Estado. ¿Ha dejado de ser Andalucía él centro de la música flamenca?

R. El flamenco, para mi, cuando deja de oler a Andalucía, se haga en Nueva York o Cataluña, deja de ser flamenco. Miles Davis compuso una saeta en América que sabe a Andalucía; por tanto, no debe extrañar que salgan cantaores de Cataluña. La saeta de Davis está a la altura de las de Caracol, Vallejo o La Niña de los Peines, lo que demuestra que el flamenco es universal. Cuando la música tiene dueños es foclor, no es arte.

P. ¿Qué opinión le merece la música de fusión y los experimentos con el flamenco?

R. Me parece interesante cuando unos músicos distintos les apetece y se reúnen a trabajar juntos. Cuando se hace por obligación es un peligro. Cuando entra el dinero se acaba el amor. El flamenco está emparentado como muchos estilos y en sí mísmo es una fusión.

P. ¿Ha influido en la imagen de los nuevos flamencos la mayor preparación cultural?

R. Ahora no hay ningún artista analfabeto. Antes hubo muchos y algunos geniales. Yo mismo lo fui hasta los quince o veinte años. La preparación de hoy es diferente. Al cambiar la sociedad cambian los ecos, las voces, los caminos. Ahora es difícil que salga una voz como la de Juan Valderrama, al que admiro. ¿Dónde está la escuela en que aprendió? Se ha perdido, es otro momento. Lo que los puristas quieren conservar no me interesa. En cambio, sí quiero ser consciente de lo que perdemos.

P. La voz de Camarón ¿pertenece a las irrepetibles?

R. La de Camarón fue una de las voces más maravillosas de todos los tiempos, poblada de ecos misteriosos. Su origen es la tradición de los ecos gitanos, pero ¿dónde están hoy esos ancestros? No están, han cambiado.

P. ¿Se puede imitar a Camarón?

R. A Camarón no se le puede imitar, porque resulta un plagio malo. Pero un artista como él tiene muchas otras cosas. Ha imprimido al cante un estilo rítmico nuevo que se debe aprender, pero no imitar.

P. ¿Qué piensan de los que cantan por Enrique Morente?

R. No recomiendo a nadie que cante por Morente. Bastantes errores he cometido yo para que otros tropiecen con ellos.

P. ¿Ha llegado usted a una madurez en la que ya no le inquieta tanto la experimentación?

R. No, porque a lo que yo he llamado búsqueda ha sido en realidad una constante explotación de mi propio sentimiento artístico en cada etapa de mi carrera, así que me temo que nunca llegaré al estadio de la madurez.

P. Usted se opuso recientemente a que le tributaran en Granada un homenaje. ¿Cuáles fueron las razones?

R. No había razón para pensar que yo merezco un homenaje. Prefiero estar en los que se rinden a otros que en el mío. Los actos de este tipo atentan contra mi convicción de ser uno más entre muchos. Cuando nos aseguramos de que somos importantes corremos el riesgo de que crezca nuestro narcisismo y que dejemos de luchar. Yo estoy acostumbrado a la guerra: a las críticas más despiadadas y a los mayores elogios, pero no a ser un hombre ilustre. En mi segundo disco cantaba esta letra: "Estoy tan echado a perder, / que cuando gano me enfado". Quizá era ya una prevención contra los homenajes.

P. ¿Qué son los Discos Pobreticos?

R. Es el sello discográfico que he inventado para publicar mis trabajos inéditos y los de otros artistas. Creo que no hay mala intención en el olvido que, someten al flamenco las empresas discográficas y los medios de radiodifusión, Es más bien una falta de cultura, de conocimiento de qué es lo nuestro y cómo se puede vender.

P.¿Con qué material cuenta para su sello discográfico?

R. Tengo bastantes grabaciones mías que no han aparecido en dísco nunca, pero además quiero publicar trabajos ajenos. De hecho, uno de los proyectos es una grabación de Rafael Riqueni que ha hecho un trabajo genial sobre la evolución de la guitarra a través de los maestros del flamenco. He alquilado una vivienda en el Albaicín donde irá la oficina de Discos Pobreticos. Va a ser un sello granadino con sucursal en Madrid, al contrario de lo que ocurre normalmente.

P. ¿Cuándo comenzará a editar las grabaciones?

R. Habrá que esperar al mes de octubre. Ahora estoy ocupado preparando tres actuaciones para la Bienal de Sevilla. Quizá sea excesivo tantas actuación, pero no ha sido yo quien las ha pedido. Abriremos la bienal con una repetición del recital que di en Granada con Manolo Sanlúcar y Mario Maya y clausuraré con un Réquiem.

P. Un grupo de compositores europeos se quejó hace poco del monopolio musical americano y del peligro de que se pierdan las expresiones autóctonas. ¿Qué piensa?

R. Las multinacionales apoyan la música más fácil. Es imposible que el 80% del mercado musical, que domina Estados Unidos, sea todo bueno. Pero ¿cómo vamos nosotros competir con las multinacionales si nos falta cultura musical para vender lo propio?

P. ¿Qué opina del éxito obtenido por los monjes de Silos y el canto gregoriano?

R. Es curioso, el gusto por las músicas y los cantos cambian por épocas. Es impresionante que ahora a la gente le dé por comprar música religiosa. Yo mismo usé el gregoriano como fondo en mi Misa flamenca. Pero me temo que es una moda, una moda que no molesta, aunque cualquier exageración conduce inevitablemente a la caída.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0019, 19 de julio de 1994.