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Tribuna:

Todo

En esta especie de pulso eterno de unos contra unos que es la vida -del enfrentamiento dialéctico más o menos borde a la guerra más cruel-, del que parece que nunca podremos desprendernos, anima ver que, de vez en cuando, surgen iniciativas a favor del todo: de la mezcla, la amalgama, el trasvase, el trabajo común, la esperanza. Se acaba de celebrar, en la Universidad de Alcalá de Henares, el I Coloquio Internacional de Estudios Afro-Iberoamericanos, y eso quiere decir que, durante unos días, intelectuales africanos y latinoamericanos han reflexionado sobre la identidad plural que surge del tríptico afro-iberoamericano, desafiando al eurocentrismo que controla políticas e ideologías y decide que el orden de los factores -la supremacía de unos sobre unos- altere el producto final, la verdad externa.Debajo está el batiburrillo, el crisol, lo que nos enriquece. Y América -con métodos lamentables: la esclavitud- fue inyectada con sangre africana. Quienes no hacemos la historia sino que la sufrimos, tratamos de aprovechar su herencia y de escribir algo más recto con sus renglones torcidos. Del mismo modo que la presencia europea es el fruto inevitable de una violación, la africana es el resultado de una injusticia terrible. Pero el conjunto, ahora, es rico y múltiple, y hay que defenderlo.

Lo que ha ocurrido en la Universidad de Alcalá de Henares puede ser el principio de algo que están ya desarrollando tanto en América como en países de África. España -tan europeos somos- no dispone de ningún foro, ninguna cátedra, ningún departamento estudioso desde el que investigar las misteriosas venas de parentesco que surcan las raíces de nuestro árbol común. Es una lástima.

Si supiéramos más de mezclas, Ruanda estaría mucho más cerca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de junio de 1994