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Entender en positivo

Homosexuales seropositivos se reúnen en un grupo de autoapoyo

Hablar con otros homosexuales afectados por el sida como él. Para Javier, de 35 años, ahí ha residido el truco que consiguió sacarle del agujero en que cayó hace uno, cuando se enteró de que era seropositivo. Aitor se contagió del virus del sida a los 18 años. Ahora tiene 24. Ambos, de nombre figurado, cuentan cada domingo sus vivencias en el único grupo de autoapoyo de homosexuales enfermos del sida existente en Madrid, en el Colectivo de Gays (Cogam). En las reuniones sale a la palestra cómo ligan, si ha cambiado su modo de hacer el amor o la soledad que sienten por no poder hablar de su problema en el trabajo o con su familia. Son encuentros llenos de sinceridad y de militancia en contra de la discriminación y catastrofismo que rodea a la enfermedad."He vuelto a vivir, y a vivir en mayúsculas". Javier cuenta que se siente otro desde que ha encontrado gente con un modo de vida similar al suyo (profesión de corbata y fin de semana de copas por los bares de ambiente) a la que también le ha tocado la enfermedad. "Desde que voy al grupo de autoapoyo, algunos días hasta he conseguido no acordarme de que soy seropositivo. Antes era levantarme, poner los pies en el suelo, y, lo primero que pensaba era: estás infectado". Javier continúa: "He aprendido a vivir en positivo: por el sida y con el talante optimista con que me enfrento a mi futuro".

La reunión semanal ha llegado a convertirse en una auténtica droga para los 15 habituales. Algunos asistían antes al grupo de autoapoyo de enfermos del sida Ciempiés, pero se sienten más identificados con los encuentros en el Cogam por la condición de hombres homosexuales de todos los que asisten.

Ahora, las reuniones de autoapoyo funcionan viento en popa, pero los que empezaron desde el principio recuerdan con una sonrisa cómo les costaba hablar. "El primer día resulta que allí nadie era seropositivo. Nadie lo confesaba", cuenta Luis. "Pues entonces, ¿para qué estamos aquí?", se aventuró a decir uno. Poco a poco la gente fue soltándose. Aunque los hay, como Sergio, que llegó y explicó sus agobios en un abrir y cerrar de ojos.- Él no está infectado. Enamorarse de un hombre que sí lo está y convivir con él desde hace cuatro años le hace militar como seropositivo.

Cada domingo, sobre las seis de la tarde, comienza el rito: bienvenida a los nuevos y el que quiera que hable, como en la camilla del psicólogo. Sergio, todo vitalidad, rompe el hielo. Cuando se termina la charla, a veces se establecen debates sobre aspectos sanitarios del sida. Pero el fin real está claro: "Dar cariño a los que están tragándose solos la enfermedad, convencerles de que no están solos y que el sida dentro de un tiempo será como una diabetes", cuenta Sergio. "Ya está bien de dramatismos a costa nuestra", puntualiza Jaime.

El sida les ha puesto a prueba, y ahora algunos se saben fuertes. "Por lo menos", ríe Segio, "tenemos suerte, y es que según como reacciona la gente a la que se lo cuentas sabes si tienes un amigo de verdad o no".

Cogam. Carretas, 12. Teléfono 522 00 70. Reuniones del grupo de autoapoyo, los domingos, a las 17:30.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de mayo de 1994