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El escultor Jorge Beda muestra su arte anticonsumista

El orgullo del artista, la vanidad y las proporciones mágicas, tres elementos que se conjugan en la colección que estos días presenta por vez primera en una sala madrileña Jorge Beda.Natural de Reinosa (Santander), pero afincado desde hace seis años en Soto del Real, ha residido gran parte de su vida entre el País Vasco y Menorca. Beda fue llamado artista revelación de las II Jornadas de la Sierra en Madrid, hace dos años. Su macroescultura, situada junto al castillo de Manzanares, asombró a los visitantes, que acudieron a la muestra. Su raspa de sardina, de hierro retorcido, obra reciclada de unos dos metros de longitud, recibió muchos aplausos. El pescado en lucha es el resultado de sus tres etapas artísticas, todas "cargadas de ilusiones y decepciones". Beda busca en sus esculturas el máximo de expresividad y se sirve de la figura como símbolo de evolución.

"Me resisto a pensar que todo está hecho en el mundo del arte. La revolución es una alternativa, utilizando la belleza y la magia, contra una sociedad cada vez más basada en el consumo materialista", asegura.

Sala Girasol (San Hermenegildo, 7). De martes a sábado, de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00. Hasta el 26 de marzo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de marzo de 1994