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El arte hace estallar los barrotes de las cárceles

Un cerrojo sirve para clausurar. Para prohibir. Para encarcelar. Catorce internos del centro penitenciario de Segovia han arrancado esa esencia a nueve cerraduras de la cárcel y las han convertido en objetos de arte. Están expuestas, junto a otras obras concebidas durante cinco meses en el taller creativo dirigido por la pareja de artistas Maruja Vicente y Rafael Torres, en el centro cultural Puerta de Toledo con el título de Laberintos.Encima de los cerrojos, que están puestos contra la pared a la altura en que están colocados en las celdas, cuelgan fotocopias de los rostros y las huellas digitales (le los internos. "Poco a poco fueron reconociendo los laberintos personales y sociales que les tienen atrapados, y los han recorrido por dentro y por fuera. El arte ha sido el hilo de Ariadna de los presos", dice Maruja.

Maruja y Rafael han trabajado también con presos de la cárcel de Alcalá-Meco. Pero se han instalado en Segovia, donde tienen a su disposición una nave. Los presos rayan y pintan el suelo cada vez que comienzan a trabajar. Sólo después de largas charlas y discusiones recogen sus bosquejos y los traspasan a las sábanas y mantas viejas sobre las que pintan. "En las cárceles hay muchas carencias, de afecto, de comodidad, de entusiasmo. Por eso utilizamos materiales que son desechos cotidianos para los presos. Todo sirve: la sal de cocina, el pimentón, y también el polvo que se recoge después de barrer las celdas", explica Torres.

La pareja de artistas puso en marcha el taller dedicando dos días a la semana, pero a medida que se acercaba la fecha de la exposición -que se inauguró en una sala de Segovia en diciembre pasado- las sesiones se hicieron diarias. Reciben una pequeña subvención a través de Instituciones Penitenciarias y están dispuestos a abrir un taller similar en la cárcel de Carabanchel.

Los 14 presos duermen tras los barrotes, pero algunos de ellos -los casos en que los mecanismos jurídicos lo permitan visitarán la exposición durante una tarde. "Algunos han avanzado mucho penitenciariamente desde que pintan y crean. Tienen conciencia de que les está ocurriendo una cosa buena en la vida y están cambiando su actitud. Entre todos suman varios siglos de condena, pero no son peligrosos. Los más peligrosos están fuera de las cárceles", comenta Maruja.

En Laberintos no hay colores fuertes. Priman el blanco, el negro y el gris. Hay puertas cerradas, túneles sin salida y ojos que vigilan. "Sus obras reflejan sus esperanzas, pero también sus tristezas, su marginación", dice Rafael. La historia de los 14 internos se parece como una gota de agua a otra: núcleo familiar desintegrado, fracaso escolar, reformatorio y vida en la calle.

Selección a dedo

Ninguno de los encarcelados, que fueron seleccionados a dedo por la dirección del centro penitenciario, había tenido un contacto previo con el mundo del arte. "Son como niños: ajustan lo que saben hacer a lo que quieren decir", resume Rafael. "A través del arte se puede establecer una comunicación con individuos que llevan años encerrados en sí mismos en cuestión de horas", añade. El taller comenzó en 1990 y ha pasado por varias etapas. Los resultados son palpables: diez exposiciones y un componente fuera de la cárcel.En la cárcel de Alcalá-Meco no hay ningún taller de arte. Sin embargo, Miguel Pérez Ramos inauguró ayer una exposición de esculturas de barro cocido junto a dos compañeros de prisión.

"Miguel se ha formado solo. Lleva cuatro años en prisión y le queda un año para salir. Cuando descubrió el barro se enarnoró de él. Puede dar forma a una figura en menos de 15 minutos. Tiene más de 400", explica Silvia Sánchez, amiga del preso. Miguel fue detenido por un robo en un comercio de Aluche. "Se ha apuntado a los cursos de desintoxicación y ahora sólo piensa en dedicarse al arte".

Laberintos. Centro cultural Puerta de Toledo (Gran Vía de San Francisco, s/ n). Hasta el 11 de abril. De lunes a viernes, de 9.00 a 20.00. Esculturas de barro. Cárcel de Alcalá-Meco (kilómetro 5 de la carretera de Meco). Horario de visitas para familiares: de 9.30 a 13.30.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de marzo de 1994