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"No tuvimos miedo, había que cogerlo"

Dos testigos del apuñalamiento de un vendedor ambulante en San Blas capturan al agresor dos meses después

Raimon y Hassan, camareros del bar El Mirador, situado entre las calles de Amposta y de Alberique, en San Blas, vieron morir apuñalado a su amigo, Mohamed el Fejoua, un vendedor ambulante de 37 años más conocido como Paisa. Eso fue el 25 de enero y el agresor, un toxicómano armado con un machete, se les escapó. La rabia y la tristeza se posaron en su ánimo. Deseaban con todas sus fuerzas que el culpable fuera detenido. El sábado 12 de marzo el autor del crimen, Juan Carlos J. G., de 24 años, volvió a aparecer ante sus ojos. Con aplomo, y un palo, por si acaso, consiguieron apresarlo y avisar a la policía. Ellos se sienten orgullosos. "No tuvimos miedo, había que cogerlo", aseguran.Ocurrió el sábado a las 17.15 horas cuando Raimon, un gaditano de 28 años, iba a su trabajo. Antes de entrar al bar le pareció ver al hombre que apuñaló al Paisa en la calle de Amposta, una zona frecuentada por numerosos toxicómanos y traficantes.

"Se lo comenté a mi compañero Hassan y decidimos seguirle. Como la otra vez se mostró muy agresivo cogimos por si acaso un palo que tenemos en la barra", explica. "Le alcanzamos en seguida, le dijimos que parara e hicimos que se quitara las gafas para aseguramos de que era él", añade. "En ningún momento empleamos la fuerza porque tenía un cuelgue tan grande que no hacía nada ni intentaba escapar", matiza. "Llamamos a la comisaría de San Blas y no cogían el teléfono, pero pasaba por allí una patrulla y les paramos", apostilla.

"Había que trincarlo"

"En ese momento no pensamos en que nos podía atacar", asegura. "Lo que nos movió fue la sensación de que a ese hombre había que trincarlo por lo que le había hecho al Paisa", concluye Raimon.Los hechos del 25 de enero fueron vertiginosos. Los dos camareros bajaban unos barriles de cerveza al almacén del bar cuando vieron cómo un hombre forcejeaba con El Fejoua en una esquina entre las calles de Amposta y de Alberique. Raimon corrió hacia el vendedor ambulante, que cayó desplomado y murió. Por delante vio pasar al agresor con un machete manchado de sangre. Hassan lo persiguió. Ya lo tenía cogido pero el agresor le amenazó con el machete y tuvo que dejarle escapar.

Mohamed el Fejoua era querido y conocido en San Blas. El lugar donde cayó muerto se cubrió de flores. Unos doscientos vecinos le rindieron un homenaje. Estos ciudadanos han recolectado casi medio millón de pesetas para ayudar a la viuda y a los tres hijos pequeños que han quedado en su localidad natal, el Kelaa des Sraghna. El dinero lo ha llevado hasta allí un hermano de la víctima que había venido desde Italia a buscarlo para pasar juntos el Ramadán en Marruecos. El Fejoua no volvió a su tierra. Sus diez años vendiendo -y fiando- ropas y alfombras por las calles de San Blas acabaron en tragedia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de marzo de 1994