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Tribuna:

'Arsa'

Es una pena que la mayoría de la población española -y, por supuesto, los parados y sus familias- no esté suscrita a The Economist, por lo que se ha visto privada del regalo prácticamente navideño de saberse entre los ciudadanos que mejor viven en el mundo, sólo por detrás de la entretenida Alemania y la marchosa Suiza. Lo hemos tenido que leer reproducido en los periódicos de acá y el día de los Inocentes, con lo que el personal ha creído que se trataba de una tomadura de pelo. Estas cosas, para que cuelen, hay que publicarlas en inglés.No tengo la menor duda, sin embargo, respecto a que España es uno de los pocos países del mundo en donde se vive, todavía, bien. Deducción que no procede del hecho de que nos divorciemos menos ni de que no vivamos tan apretujados como en HongKong, ni, desde luego, de la gravísima imputación -habría que hacer algo- de que ya disponemos de 1,4 hamburgueserías por millón de habitantes. Tampoco resulta estimulante que aquí no se cometan tantos crímenes como en el extranjero -vieja definición carpetovetónica que, a partir de ahora, podremos desempolvar-, porque las carnicerías que se perpetran en casa son de fuste: Puerto Urraco, Urquijo, Alcásser.

Se me ocurren un montón de razones para afirmar que -es más- superamosa Alemania y Suiza en calidad de vida. Ejemplos: el trasnoche, el chateo, el tapeo, los zuritos, las patatas chips con mejillones en escabeche, los boquerones en vinagre con aceitunas, la morcilla, el cava, las anchoas de L'Escala, el filetito al whisky, las puntillitas, las cocochas y los pedos de monja. Luego están las prolongadas comidas, las accidentadas digestiones, el anís y el coñá peleones, Paco Lobatón -uno ya puede emborracharse sin miedo a perderse: tarde o temprano te empaquetan y te devuelven a domicilio-, y, último pero no nimio, el sol. El sol, la guitarra y las mujeres. Todo eso ya lo ha cantado en numerosas ocasiones Manolo Escobar, y no veo por qué tenemos que ponemos de los nervios porque ahora lo haya descubierto The Economist.

Es erróneo pensar que se trata de una campana publicitaria organizada por nuestro Gobierno. Es un estudio hecho por ingleses. Ya saben, esa pobre gente que se calienta echando monedas a las estufas, come fish and chips, hace el amor en clave sado-maso, se emborracha a horas fijas en pubs donde se sirve el licor junto con una lupa y, durante años, ha sostenido que los sombreros de Isabel II eran los más elegantes del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de diciembre de 1993