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Editorial:

Salida electoral

EL CONGRESO que el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) ha celebrado en Wiesbaden tiene unas características muy especiales por el momento por el que atraviesa la política alemana. Ha sido como el pistoletazo de salida para la carrera de las elecciones municipales y regionales (sin contar las- europeas) que van a tener lugar en los próximos meses hasta finalizar, en octubre de 1994, con las elecciones generales. Quizá ahora, por primera vez desde que perdió el poder en 1982, el SPD tiene posibilidades reales de derrotar a su principal adversario, el partido democristiano (CDU) de Kohl. Por eso, el congreso, desde el discurso inaugural del presidente del partido, Rudolf Scharping, ha tenido un objetivo central: hacer todo lo posible para ganar las elecciones de octubre y marginar las cuestiones que pueden dividir al SPD.Una razón del relativo optimismo que reina en las filas socialistas es la difícil situación por la que atraviesa el canciller , cuyas principales posiciones políticas -en concreto, su apoyo a la Unión Europea- son discutidas en su propio partido. El jefe del CSU (filial en Baviera del CDU), Edmund Stoiber, ha lanzado un ataque directo a la política europea del canciller, reivindicando la prioridad de los intereses alemanes con un lenguaje propio de la extrema derecha. Lo cierto es que Kohl está sometido a una fuerte presión partidaria para que adopte un lenguaje más nacionalista y poder así ganar votos en esa zona ideológica, evitando un crecimiento peligroso de la extrema derecha. Si el CDU cede ante esa presión dejará un espacio en el centro susceptible de ser captado por el SPD. Todo apunta a que en el año electoral de 1994 se producirá un giro de cada partido hacia su derecha. Síntomas de ello han aparecido ya en el congreso del SPD de Wiesbaden.

El centro de la campaña socialdemócrata será la economía, sobre todo el empleo. En un ataque despiadado contra Kohl, Scharping le ha acusado de total incompetencia en los temas económicos, de no haber previsto los efectos de la unificación, de ser totalmente incapaz de pensar y adoptar medidas que mejoren la economía y combatan el paro. En cambio, el SPD quiere dar la sensación de que tiene un programa económico moderado y eficaz, que no se limita a defender los intereses obreros. Preconiza incentivar las inversiones que permitan crear puestos de trabajo y, por otra parte, propone para reducir el paro que se acote la jornada de trabajo, pero con una reducción correlativa de los ingresos.

Al mismo tiempo, ha habido una tendencia a superar las actitudes pacifistas heredadas de épocas anteriores, como la negativa a la participación de tropas alemanas en operaciones de la ONU. Tal actitud puede ser electoralmente rentable; sin embargo, empuja al SPD a entrar en contradicción con la corriente predominante en el socialismo europeo: si se quiere dar vida a las instituciones internacionales (ONU, Unión Europea) -lo que siempre ha sido una tesis básica de la izquierda-, es indispensable aceptar la presencia en sus órganos militares. Los que lo comprenden en el seno del SPD son cada vez más numerosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de noviembre de 1993