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TRIBUNALES

Prisión para el violador de la menor Amy Ficher

La condena a seis meses de prisión para Joey Buttafuoco parece ser el capítulo final de un auténtico culebrón que ha tenido en vilo a la opinión pública norteamericana durante un año y medio. "Fue un gran error, la lujuria me empujó a hacerlo" son las primeras declaraciones de Buttafuoco después de ser sentenciado el lunes por la violación de la estudiante menor de edad Amy Fisher.

Ante las cámaras del programa sensacionalista A current affair, uno de los que lanzó su caso a la fama, Buttafuoco reconoció el lunes por primera vez que había hecho el amor con Fisher en repetidas ocasiones. Buttafuoco tendrá además que pagar 5.000 dólares (unas 700.000 pesetas) de multa, y pasará los próximos cinco años bajo estrecha vigilancia policial.Mary Jo Buttafuoco, la mujer del condenado, dijo tras el juicio que prefiere creer que la confesión de su marido es falsa. "No podría vivir sin él", añadió. Pero aunque la conducta de Buttafuoco en la cárcel sea óptima, no saldrá a la calle antes de cuatro meses.

Por su parte, Fisher, a quien el juez concedió ayer unos minutos para emitir un comunicado en la misma sala en que Buttafuoco fue sentenciado, declaró: "Cuando esta relación empezó, yo no era sólo una chica de 16 años que se acostó con un hombre dos veces mayor que yo. Yo era una chica de 16 años a quien se le mostró un mundo para el que no estaba preparada, un mundo de grandes derroches y yates veloces. Este hombre me llevó a restaurantes caros y a moteles baratos. Me entristece decir que me enseñó muy bien".

La historia se remonta a mayo de 1992, cuando Fisher, que entonces tenía 17 años, dispara en la cabeza a Mary Jo Buttafuoco a la salida de su casa en Messapequa (Nueva York). Fisher es detenida al día siguiente y relata a la policía que ha estado teniendo relaciones con el marido de la víctima, Joey Buttafuoco, un vendedor de repuestos de automóvil de 36 años.

Fisher va a la cárcel, mientras Mary Jo Buttafuoco vive con una bala en la cabeza y camina con un bastón. En julio de ese año, una productora cinematográfica paga la fianza de Amy Fisher para que salga de la cárcel, pero tres meses después ella misma pide al juez que le retire su libertad condicional porque no puede "soportar la publicidad". Fisher declara que Buttafuoco le había pedido que matara a su mujer. Jueces, médicos y funcionarios coinciden en que Fisher es una persona desequilibrada. La fórmula del culebrón estaba servida.

En 1992, un juez de Long Island impone una condena de entre 5 y 15 años a Amy Fisher por intento de asesinato y la describe como "un animal salvaje". En 1993, el caso se reabre. Ahora Buttafuoco se declara culpable de violación en tercer grado -seis meses como máximo- para evitar una condena mayor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de noviembre de 1993