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Obras Públicas paraliza el proyecto del embalse de Matallana

El agua de Matallana ha entrado en el congelador. La Dirección General de Medio Ambiente del Ministerio de Obras Públicas había dado su visto bueno el pasado 21 de octubre, con una confusa declaración de impacto ambiental en la que no se oponía a las obras previstas, aunque aconsejaba tímidamente un embalse menos dañino y de capacidad más reducida.Las protestas de los grupos ecologistas se dejaron sentir, la dirección general matizó su texto (aunque no oficialmente) y surgieron las discrepancias internas en el propio departamento ministerial -la Dirección General de Obras Públicas sí era claramente favorable a la presa- y la secretaría general del departamento que dirige José Borrell se hizo cargo del asunto ante la discusión entre sus hermanas menores.

Ahora, el ministerio ha adoptado ya una solución, aunque temporal: el proyecto se paraliza durante tres meses, para pensarlo mejor y elaborar un nuevo informe medioambiental antes de volver a convocar la licitación de las obras.

El embalse de Matallana, una obra hidráulica prevista por la Confederación Hidrográfica del Tajo en la sierra de Ayllón (Guadalajara), está concebido para abastecer de agua a la región de Madrid, y será gestionado por el Canal de Isabel II (empresa pública dependiente del Gobierno regional). Paradójicamente, el presidente del Canal, Agapito Ramos, es originario de la zona que resultaría inundada por las aguas (véase página 5).

La declaración de impacto ambiental publicada en el Boletín Oficial del Estado el 21 de octubre autorizó la opción de una presa con capacidad para 147 hectómetros cúbicos de agua.

Sin embargo, el propio informe consideraba esa opción la más dañina, ya que además de inundar el pueblo de Matallana -abandonado, pero que conserva casas de gran valor arquitectónico- anegaría unos parajes forestales de mucho interés ecológico. Las asociaciones ecologistas coincidían con esa opinión, y no entendían cómo con ese criterio no se expresaba taxativamente la oposición al embalse.

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El ministerio asume que su informe de impacto es ambiguo

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Aún no ha pasado un mes y el Ministerio de Obras Públicas ha congelado las obras del embalse de Matallana por un penodo de tres meses y elaborará "una nueva declaración de impacto medioambiental más concluyente" ya que admite que la anterior "se prestaba a interpretaciones diversas".

Así, la cúpula ministerial ha puesto un punto y aparte al conflicto que surgió en el MOPT entre dos de sus secciones, la Dirección General de Política Ambiental y la Dirección General de Obras Públicas, a raíz de la publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 21 de octubre de una declaración de impacto ambiental ambigua.

Mientras el primer departamento consideraba que el informe recomienda una presa de sólo 80 hectómetros cúbicos (987 metros de cota) como la menos impactante y la única viable, Obras Públicas veía en esta declaración medioambiental el camino libre para la construcción de una presa que casi duplicaría este volumen (al elevar la cota a 1.009 metros) y que anegaría un pueblo abandonado dentro de la ruta de la Teja Negra.

La decisión de interrumpir por tres meses la licitación del proyecto que habría originado el segundo embalse más grande que abastecería a la Comunidad -por delante de la presa de Valmayor (124 hectómetros cúbicos) y sólo superada por la del Atazar (425)- obedece, según informó ayer Obras Públicas "a la voluntad de hacer más rigurosas las pautas de tramitación de sus inversiones". En una nota de prensa también anuncia que se estudiarán "con mayor detenimiento las alternativas efectivamente existentes de abastecimiento de agua".

"Se pretende replantear todo el tema Matallana", afirma Manuel Zorrilla, portavoz de Obras Públicas, "no se sabe si se acabará construyendo la presa más grande o la más pequeña o, quien sabe, otra nueva opción".

Las organizaciones ecologistas califican de esperanzadora la noticia. Según el portavoz de Aedenat, Santiago Martín Barajas, "la paralización de la presa es lógica porque la Confederación del Tajo sacó a subasta los trabajos antes de la declaración de impacto ambiental". También asegura que ahora habría que exigir "responsabilidades por esta ilegalidad".

El portavoz de Aedenat considera también esperanzador que la Administración contemple un nuevo análisis de las necesidades hidrológicas reales de Madrid. Barajas recuerda que las actuales infraestructuras hidráulicas ofrecen un caudal de 1.200 hectómetros cúbicos, mientras que las necesidades de la población no superan los 500 hectómetros. Esta asociación mantiene también su oposición a la construcción de la presa, "porque llevarla a cabo sería una auténtica catástrofe para el entorno. Sería destruir uno de los últimos parajes vírgenes de la Península para beneficiar a las grandes constructoras", añaden.

Como la catedral de Burgos

Aunque no habita. en Matallana, el Colegio de Arquitectos de Guadalajara es legalmente el único inquilino del pueblo. Hace siete años el colegio firmó con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha un contrato de arrendamiento del municipio por 112.000 pesetas mensuales. Los arquitectos se comprometieron a realizar los estudios de rehabilitación de: la localidad, mientras que la Administración se ocuparía de llevarlos a cabo. "Sin embargo, y a pesar de que nosotros cumplimos nuestra parte, las obras nunca comenzaron. Se nos argumentó que no había dinero", afirma el presidente del colegio Javier Solano.

El arquitecto, contento por la interrupción, recuerda que "Matallana está declarado bien de interés cultural y, por tanto, tiene la protección artística de un monumento. A nadie se le ocurriría anegar la catedral de Burgos".

Solano espera que el nuevo estudio de impacto ambiental de Obras Públicas tenga en cuenta sus opiniones. "Consideramos que es lo más lógico, porque somos la institución que mejor conoce este pueblo". El arquitecto asegura que Matallana es la única localidad de la llamada Ruta de la Teja Negra que permanece inalterada.

Arquitectos del pasado

El caserío de Matallana está formado por unos treinta edificios de arquitectura negra (pizarra), entre los que se cuentan viviendas, establos, parideras de animales y una iglesia. Este singular conjunto se compone de dos núcleos diferenciados. El construido hacia el oeste fue destruido casi totalmente por un incendio, mientras que el situado al oriente sigue bien conservado. La iglesia, englobada en el románico popular rural, es un buen ejemplo de edificación de la Baja Edad Media de la región.Las viviendas, pese a su importancia arquitectónica, son de una gran simplicidad. Los materiales, fundamentalmente pizarra, madera y barro, fueron tratados de una manera muy rudimentaria. El hacha era la única herramienta utilizada en los en samblajes y carpinterías, por lo que las casas ofrecen una sensación de primitivismo y rusticidad. Además, la rudeza del en torno obligaba a que los anima les domésticos compartiesen vivienda con los habitantes de Matallana. Sólo las ovejas y cabras eran recogidas en módulos auxiliares y alejados algunos metros.

Según Tomás Nieto y Miguel Embid, arquitectos autores del libro Matallana, "su conjunto etnográfico puede considerarse uno de los más interesantes en una zona de alta montaña".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de noviembre de 1993

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