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Tribuna:

España incólume

Blandir cual alfanje la sintaxis, hablar fuerte, hablar claro y tomar siempre el resopón. ¡Ay su prosa cuartelera, ay su cincha, su blasfemia; venga el órdago, doy la cara: no hay charada, sólo hay paz en el honor! Su sapito en la boquita, ya supura la plumita, ay que risa, tía Luisa, ay que mojo la camisa. Gaznápiros, bujarrones, mercachifles y soplones... Atorrante palimpsesto: éste es el mundo, señores, el que veo, hiendo y hiero. Una oreja en la tertulia, la dispepsia, el madrugón, unas líneas de poeta, la amenaza cual bordón: el hombre escribe y el blando se inhibe, evidencia de cajón. Vamos dando, predicando, YO soy YO, la salvación. Pintureros, comediantes; escritores/ periodistas... ya lo dijo el gran Ruano: médicos/practicantes. ¿La historia?... conspiración. ¿Política?... la corrupción. La escritura pide espuela, sólo el necio pide humor. De sus ubres, certidumbres; de su eco, admonición; enseñanzas gratuitas a mil duros el borrón. Aunque escriban con navaja ellos guardan, sin embargo, un enorme corazón: troceado, vulnerado, bien lo muestran sin pudor. Si ese tráfico, con palabras, de engrosado palmarés; si esa estafa, de la letra, se mudara en pagarés, ¡a la cárcel, a la trena!, metiditos por el bies. Son sus temas pura yema, dura caña su blasón, nada escapa al vasto mundo que acapara su ambición. Sólo un tema deja a salvo tan babosa tempestad, sólo uno les concova sin recelo ni impiedad, sólo España, la mojama, sólo España, el culebrón, sólo España -es su patria potestad- trae la lágrima a sus ojos, da a su ceño identidad. Ante España, esa prosa, encelada, tabernaria, de escorpión, cierra filas, guarda zumba y atesora, temblorosa, su emoción.Columnas de España, columnistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de octubre de 1993