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Crítica:POP

El filibstero

Kiko sigue siendo un veneno, como casi todas las medicinas, y un pirata de pata de palo con alma de niño y cara de malo. Pero ahora esgrime patente de corso otorgada por los públicos. Su actuación en el Aqualung fue gozosa. Antes de comenzar el concierto ya estaba todo el mundo con cuerpo de jota. Y cuando e corsario sa o a escena, e clamor se instaló en la sala y permaneció allí durante dos horas. Fue un espectáculo contundente, sin altibajos. La gente vitoreó a todos esos personajes tiernos y marginales que van con Kiko a todas partes: Patapalo, Joselito, Lobo López, los superhéroes de barrio. El filibustero de Kiko tiene ya muchas canas y unas cuantas cicatrices, pero rezuma inocencia y un algo de perplejidad. Los músicos y el sonido estuvieron a la altura del acontecimiento. La presencia de Raimundo Amador, otro bucanero sublime, es beneficiosa para Veneno. Amador tiene seguidores apasionados. Y a él le va la marcha. Estaba feliz, entregado, artista, preciso y cuajado como el mejor pata negra.

Kiko Veneno

KikoVeneno (guitarra y voz), Raimundo Amador (guitarra), Juan Ramón Caramés (bajo), Antonio Samuel Rodríguez (batería), Anthony Seydou (percusión). Aforo abarrotado. Precio: 2.000 pesetas. Aqualung Universal. Madrid, 30 de septiembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de octubre de 1993