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Detenidos una secretaria de Kohl y su marido por espiar para la antigua RDA

Una secretaria del canciller Helmut Kohl y su marido fueron detenidos el miércoles en Bonn como sospechosos de haber espiado en favor de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA). Mientras algunos medios de prensa insistían en la seriedad del caso desde el Gobierno se intentaba restarle importancia indicando que, pese a haber tenido acceso a información confidencial, probablemente no fueron capaces de hacer uso de ella. Pese a los paralelismos con el llamado caso Guillaume, que provocó la caída en 1974 del entonces canciller Willy Brandt, el impacto de la noticia, cuando se cumplen tres años de la unificación alemana y la desaparicíón de la RDA, ha sido muy limitado.

La detenida, de 40 años, cuyo nombre no ha sido hecho público por la fiscalía de Karlsruhe, entró a trabajar en la cancillería en 1980, ocupando diversos puestos, ninguno de ellos de gran responsabilidad. En la actualidad trabajaba en el departamento de tratamiento de textos. En sus 13 años como funcionaria fue investigada en tres ocasiones por los servicios de contraespionaje, como se hace rutinariamente. En ninguna de estas ocasiones (en 1982, 1987 y 1992) los investigadores descubrieron el más mínimo indicio de que trabajaba para la Stasi, el Ministerio para la Seguridad de Estado de la antigua Alemania comunista. Su marido, que fue también detenido, está acusado de haber trabajado para la Stasi, concretamente, según la fiscalía, al haber pasado la información a un ordenador.El ministro de Cancillería, Friedrich Bohl, negó rotundamente que la detenida hubiera trabajado en los archivos secretos de la cancillería, tal y como publicó el diario sensacionalista Bild. El Köln Stadt Anzeiger insistía en lo mismo, indicando que la detenida pasó documentos secretos. Bohl, sin embargo, se mostró muy escéptico al respecto. "Tenemos que comprobar este punto", dijo, "pero debemos considerar que aunque existiera la posibilidad de que [la detenida] tuviera acceso a documentos confidenciales, no necesariamente tuvo que haber hecho uso de ella". Según el portavoz de la fiscalía de Karlsruhe, Hans-Jürgen Forster, se trata de un caso "poco importante".

La detención de esta mujer y su marido parece estar directamente relacionada con el episodio ocurrido a principios de este año en el que una lista de unos 2.000 agentes de la Stasi que trabajaban en la República Federal de Alemania, y que aún permanecían ocultos tras la unificación, cayó en manos de los servicios de inteligencia de Bonn, regalo de sus colegas norteamericanos de la CIA, quienes, a su vez, la obtuvieron en Moscú procedente de los archivos del KGB soviético.

El pasado mes de julio, el Gobierno de Bonn reconoció estar en posesión de este documento y anunció que los servicios de seguridad estaban cerrando el cerco en torno a los agentes de la Stasi.

Unos años atrás, el descubrimiento de un topo en cancillería hubiera desencadenado un escándalo de grandes proporciones y amenazado, como le sucedió a Brandt, al propio canciller. Ahora, sin embargo, descubrir al espía de un país inexistente no pasa de ser una anécdota más del ya languideciente ajuste de cuentas con el Estado alemán comunista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de octubre de 1993

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