Holanda abre un moderno correccional sólo para delincuentes marroquíes

El Gobierno quiere evitar que aumente su marginación sacándoles de la cárcel

Aislarse de la sociedad para integrarse mejor en ella. Esta aparente paradoja vertebra la labor de Amal (Esperanza), un centro correccional para jóvenes marroquíes, sólo marroquíes, recién abierto en Amsterdam y destinado a varones entre 12 y 21 años que han tenido problemas con los tribunales o la policía. Concebido como un experimento por el Ministerio de Justicia, dispone de tres a cuatro años para demostrar que sus métodos ayudan a sus 16 inquilinos forzosos.

La idea de abrir un lugar como éste surgió hace dos años a la vista de los informes publicados en Holanda sobre el creciente índice de asaltos protagonizados, sobre todo en Amsterdam y Rotterdam, por muchachos marroquíes. Su edificación cuenta con el apoyo de dicha comunidad, compuesta por 163.597 miembros que no desean labrarse una imagen conflictiva. Ahora, algunos de los más problemáticos ocupan un edificio pintado en tonos claros, con habitaciones individuales, salas de ordenadores y visitas, aula de estudio y zonas interiores y exteriores de reunión y recreo.No es una cárcel ni tampoco un centro tradicional de menores, pero una cerca metálica rodea el recinto. Tras una enorme puerta, aguarda Mimoun Ouariachi, de 45 años, coordinador de Amal. "La mayoría de los chicos que recibimos ha cometido robos o asaltos con arma blanca", cuenta. "Uno, incluso apuñaló a otro en una pelea. Vienen de cárceles ordinarias o instituciones de menores donde no podían ser ayudados. Al contrario, sufrían una discriminación aúri mayor debido a su lengua o religión".

El agobio mostrado por los internos no resulta nuevo para, Ouariachi. Antiguo profesor de lengua y matemáticas, llegó a, Holanda solo a los 18 años. No hablaba el idioma y reconoce que fue muy dificil empezar. Junto con los demás educadores de Amal, también marroquíes, trata, ahora de ayudarles a sobrellevar "la ansiedad provocada por las expectativas que despiertan en sus familias, la vida en una cultura distinta y la búsqueda de su propio futuro". "Aquí intentamos reforzar su personalidad para que contemplen los aspectos positivos de su situación".

El método de trabajo que pretende lograr incluye un primer periodo de internamiento de dos meses de duración. Durante ese tiempo, no pueden abandonar el centro y los educadores trazan un retrato del joven a través de su comportamiento, relaciones . familiares, estudios, amigos e informes policiales. "En la segunda fase, que puede durar hasta diez meses, tratamos de que acepte su presente", dice Ouariachi. "Es algo muy delicado porque algunos rechazan de plano la parte marroquí u holandesa. Si tenemos éxito pasamos a un tercer nivel de tres meses". Aquí los internos deben aprender a ocupar su tiempo, ver a menudo a su familia, regresar a la escuela o trabajo y, por encima de todo, ganar confianza en sí mismos, objetivo de la cuarta fase.

Recuperar a la familia

Amal incluye clases de holandés y árabe, contabilidad, informática y deporte. Y también a las familias. Este paso es crucial ya que las relaciones pueden estar rotas o muy deterioradas. Los padres suelen ahorrar mucho dinero pensando en regresar a Marruecos en verano. "Los hijos nacidos dentro y fuera de Marruecos no disponen a veces de bienes de consumo o suficiente dinero de bolsillo. La falta de alternativas y el abandono de la escuela genera entonces fuertes tensiones y a la larga la ruptura", explica Ouariachi. No hay que olvidar, además, que una cuarta parte de los inmigrantes marroquíes en Holanda está en paro.

A pesar de su reja y de las muchas llaves que llevan sus responsables, Amal se presenta como un centro de integración social que retiene un tiempo a sus internos, pero no los discrimina. "Este aislamiento no destruye el objetivo integrador. Mucha gente no puede ser ayudada aplicando sólo criterios generales. Las diferencias culturales son a veces de matiz y otros centros no disponen de tiempo o presupuesto para hacerles frente", concluye Mimoun Ouariachi.

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