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Tribuna:

Jano

Nuestra cultura es dual: somos los inventores del sistema estereofónico y el binomio; del forro y la funda; de la apariencia y la realidad; de la esencia y la existencia; de la forma y el fondo; de lo individual y lo colectivo; de la cara y la cruz; de la base proteínica y el ácido nucleico; del software y hardware. Algunos de nuestros más ilustres antepasados son Cástor y Pollux, que en la actualidad componen la constelación de Géminis; o Rómulo y Remo, dos gemelos amamantados por una loba que acabaron mal. Eso por no citar a tipos como Caín y Abel, entre quienes se. interpuso la quijada de un burro. La particularidad de todas estas parejas es que uno de sus miembros tenía que perecer para que sobreviviera el otro. No podemos vivir sin ser dos, pero al mismo tiempo se nos hace insoportable la existencia del segundo.Quizá para controlar el aumento de los viudos duales, que al final dan más problemas que un pensionista y un parado juntos, los romanos inventaron a Jano, que lleva la dualidad dentro en lugar de llevarla fuera. Jano tiene dos rostros y con uno mira hacia delante y con el otro hacia atrás; el secreto es que nunca ven lo mismo al mismo tiempo y que, al formar parte de un solo cuerpo, son inseparables, como la cara y la cruz o el significado y el significante.

Jano es, pues, una dualidad unitaria e indestructible, porque sus identidades se ignoran tanto como se necesitan. Los romanos, que eran listos, lo hicieron el dios de las puertas -esos objetos que comunican o separan, a conveniencia, los espacios duales- y,- para rematar la faena, lo casaron con Cardea, que era la diosa de los goznes. 0 sea, que la articulación de lo dual es siempre un proceso cultural delicado que no debe confundirse con el recurso esquizofrénico.

No sé si me explico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de mayo de 1993