Bajo el fuego en Mostar

ENVIADO ESPECIALAún no hemos doblado la esquina que conduce a la línea del frente en Mostar y ya se escuchan nítidos los primeros disparos. Tiran contra nosotros. Son francotiradores. Estamos en una ratonera. El corazón late como una locomotora. No hay vuelta atrás. Allí está el puente. "¡Es el Branley!", exclama un militar del contingente español que entra en la capital de Herzegovina para velar por el cumplimiento del alto el fuego firmado el día anterior por musulmanes y croatas, que no se respeta. Nadie lo respeta ya.

Un poco más lejos, las tanquetas giran bruscamente a la derecha.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 13 de mayo de 1993.

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