La reforma sanitaria de EE UU preve el seguro para los ciudadanos, pero la asistencia seguirá en manos privadas
Los 90 millones de norteamericanos que no tienen acceso a la sanidad o lo tienen limitado tendrán un seguro del Estado, según la reforma de Hillary Clinton. Pero la asistencia seguirá en manos de compañías privadas, lo que, a juicio de Richard Saltman, jefe de división de la prestigiosa Escuela de Salud Pública de la Universidad de Emory (Atlanta), condena "el diseño al fracaso. No nos librará de los efectos más destructivos del sistema", dice.500 expertos están reunidos en Washington para diseñar la reforma sanitaria, considerada un pilar en la nueva política de Clinton. Y por lo que ya se conoce, avanzado por Richard Saltman el pasado lunes, en la Escuela Nacional de Sanidad de Madrid, el Estado busca asegurar con nuevos impuestos, a los millones de americanos desprotegidos. La financiación seguirá siendo privada para quienes tengan recursos, y la asistencia para todos también, pero mediante una decena de grandes compañías y no 1.500 como hoy.
Saltman explicó lo que ve como efectos negativos del proyecto: "Mantendrá la selección de clientes; no nos librará de las compañías de autoaseguramiento y reducirá la influencia de los pacientes sobre los proveedores y los servicios". Pero, dice, será un gran paso para los 40 millones que no tienen seguro médico y para los 50 millones que lo tienen con prestaciones mínimas.
EE UU tiene el mayor gasto sanitario del mundo, el 15% del PIB en 1993, y dentro de la OCIDE es el que menos dinero público invierte: sólo el 42% (en España lo público ronda el 78%). Los americanos deben pagar por seguro unos 5.000 dólares anuales (unas 600.000 pesetas), si es una familia con dos hijos. Los asalariados con seguro pagan un 20% o un 30% de tique moderador por utilizar un servicio sanitario, algunos de los cuales carecen de medicamentos. "No existe ningún seguro para enfermedades crónicas", dijo Saltman. "Si alguien de la familia enferma, el desembolso puede llegar a los 15.000 dólares (1.775.000 pesetas). Cada vez hay más bancarrotas personales relacionadas con la salud", añadió.
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