_
_
_
_

Cerca de un millón de personas se manifiesta en Washington en defensa de los homosexuales

Antonio Caño

Yo soy gay. El vecino que sale a pasear en bicicleta es gay. Cualquiera que vive en esta ciudad, no importa cuál sea su comportamiento sexual, siente la obligación moral de considerarse gay en una jornada como ésta, en la que cientos de miles de homosexuales se han reunido en una de las mayores manifestaciones por los derechos civiles de la historia de Estados Unidos para exigir aceptación social y reclamar atención a sus problemas. Fue un espectáculo nunca visto en el mundo. Una marcha orgullosa e interminable seguramente, cerca de un millón de personas- que elevó la causa de los homosexuales a la categoría de una de las grandes prioridades para el gobernante que quiera dirigir este país con justicia.

La Casa Blanca, en la que sólo dormía el servicio doméstico porque toda la familia del presidente, Bill Clinton, había decidido pasar el fin de semana fuera de la ciudad, amaneció rodeada de una pancarta en la que se leía: "Queremos nuestros derechos ahora". Las demandas de la enorme manifestación se concentraron en las tres principales reivindicaciones actuales del movimiento homosexual: levantamiento de la prohibición de los gay en el Ejército, aumento del presupuesto para la investigación sobre el sida y reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo. La marcha estuvo precedida el sábado por una masiva ceremonia de bodas homosexuales en la que miles de parejas contrajeron matrimonio en la avenida de la Constitución.Uno de los grandes protagonistas de la jornada fue el sargento José Zúñiga, que hace unos días fue condecorado por su heroísmo durante la guerra del Golfo y ayer decidió confesar por primera vez sus inclinaciones sexuales, con lo que ha puesto en juego su futuro militar. Junto a él marcharon cientos de veteranos que han sufrido la discriminación contra los homosexuales en las Fuerzas Armadas. Desde Boston, donde debía pronunciar un discurso, el presidente envió un mensaje de solidaridad a los manifestantes en Washington. "Estoy a vuestro lado en la lucha por la igualdad de todos los estadounidenses", decía el comunicado. Reiteraba su voluntad de anular la prohibición de que los homosexuales sirvan en las filas del Ejército de EE UU y anunciaba que nombrará "pronto" un encargado especial para la lucha contra el sida.

Aunque la ausencia de Clinton, el primer presidente que respalda la causa homosexual, decepcionó a muchos, no hubo apenas quejas por su decisión.

"Todos sabemos que aquí hay hoy un millón de saxofones con nosotros", dijo uno de los organizadores, en alusión a la afición musical del presidente. Las mayores emociones estuvieron ligadas al recuerdo de los muertos por el sida. Algunos de los que marchaban con ceñidas camisetas de colores llamativos para exteriorizar provocativamente su condición homosexual se desmoronaban en lágrimas ante la mención de sus compañeros perdidos por esa enfermedad. Uno de los manifestantes dijo haber presenciado la muerte de más de 30 amigos por el sida.

La parejas de gay y lesbianas se abrazaban y besaban apasionadamente ante las cámaras de televisión para llamar la atención sobre la existencia de esta otra clase de amor. En muchos casos, las parejas de dos mujeres llevaron a la marcha a sus hijos concebidos por inseminación artificial con el fin de demostrar que un nuevo concepto de familia, muy diferente al que pretendían proteger los republicanos, se ha impuesto de forma irreversible en esta sociedad.

Fecha legendaria

La jornada de ayer, que pasará a la historia al lado de otras fechas legendarias como la del discurso de Martin Luther King, I have a dream, en 1963 o la gran manifestación contra la guerra de Vietnam en 1969, sirvió sobre todo para poner de evidencia que la homosexualidad no podrá ser ya tomada como una actitud marginal que no inspira más que chistes baratos. Hace muchos años que no se cuentan chistes sobre negros en EE UU, y menos aún sobre Vietnam. Es muy probable que, desde ayer, tampoco se cuenten chistes sobre maricas, que ésa es la palabra -más exactamente, maricón (queer, en inglés)- que han preferido utilizar los participantes en la marcha para autodefinirse. Mucho han cambiado las cosas desde el primer desfile en moto de un grupo de homosexuales por las calles de Los Ángeles en 1966. Para los gay, este domingo ha sido una oportunidad para expresar libremente sus deseos sexuales.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_