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Editorial:

Un mundo nada sencillo

EL PRESIDENTE electo Bill Clinton ha tardado en terminar de configurar el Gabinete que le asistirá en el gobierno de Estados Unidos durante los próximos cuatro años. Al nombrar anteayer a Warren Christopher como secretario de Estado, a Anthony Lake como consejero de Seguridad Nacional y a Les Aspin como secretario de Defensa ha cubierto los cargos principales de su Administración, con la excepción del de fiscal general (ministro de Justicia). Christopher, Lake y Aspin se unen así a Lloyd Bentsen (secretario del Tesoro), Ron Brown (Comercio), Thomas McLarty (jefe de la Casa Blanca), Laura D'Andrea Tyson (presidenta del Consejo de Asesores Económicos), Richard Riley (Educación) y Carol Browner (Agencia de Protección del Medio Ambiente).En la constitución de su equipo, Clinton da la impresión de haber seguido dos o tres principios que son - índice de pragmatismo. En primer lugar, parte de la idea general de que "el mundo ha dejado de ser un lugar sencillo de opciones claras", como ocurría en tiempos de la guerra fría. Sabe que ya no existe un mundo en blanco y negro en el que los problemas regionales o las grandes cuestiones económicas palidecían frente al grave enfrentamiento entre bloques- ácidamente antagónicos. Conoce la significación de su país como líder económico mundial y la influencia de la recuperación y de la buena salud norteamericanas en la conducción de la política internacional.

En segundo lugar, se inclina por hacer nombramientos que no resulten de dificil confirmación en el Senado: evidentemente, quiere evitarse las duras batallas que ensombrecieron toda la presidencia de Bush a la hora de colocar a sus hombres de confianza en puestos clave. Finalmente, se confirma la tendencia del nuevo presidente a acudir a personalidades que ya desempeñaron tareas de gobierno o de asesoramiento en la época de la anterior presidencia demócrata de Jimmy Carter. Un detalle de gran importancia, si se recuerda el enorme peso que tuvo la ideología (especialmente en la defensa de la democracia y de los derechos humanos) durante la era Carter. Aunque es seguro que la solidez del ex gobernador de Arkansas no le permitirá olvidar, como le ocurrió a Jimmy Carter, la necesidad del pragmatismo.

Esto es especialmente cierto en el caso de Warren M. Christopher. Viejo amigo del nuevo presidente y uno de los funcionarios más distinguidos de la Administración norteamericana; su sólida formación jurídica, su conocimiento de los temas internacionales le han de ayudar al frente del Departamento de Estado en una tarea difícil: resistir las tendencias aislacionistas de Clinton y no permitir que renuncie al protagonismo que debe mantener como líder de la única gran potencia mundial.

El hecho de que Clinton designara en primer lugar a su equipo económico, antes que a los de Exteriores y Defensa, pone de manifiesto la prioridad otorgada a la recuperación de la economía y a la eliminación de las limitaciones estructurales del pasado reciente. Quizá la decisión más relevante a este respecto ha sido la creación de un consejo asesor en el seno de la Casa Blanca, con un estatus similar al Consejo de Seguridad Nacional, al frente del cual ha colocado a Robert Rubin, copresidente de Goldman Sachs y buen conocedor de España.

En principio, es posible deducir de estos nombramientos la creencia en el funcionamiento del libre mercado -aunque con mayor presencia de la inversión pública-, en la multilateralización del comercio internacional y en la aplicación de políticas fiscales ortodoxas.

En la masiva reunión convocada por Clinton en Little Rock, a la que asistieron durante dos días más de 300 invitados (académicos, hombres de negocios, economistas, etcétera), se puso de manifiesto, además de la habilidad de Clinton para sintonizar con las preocupaciones de la mayoría de la población, su capacidad para la interlocución en las cuestiones económicas, reforzando la credibilidad acerca de esas prioridades definidas en la campaña: "Con la velocidad de un rayo láser abordaré la solución de los problemas económicos", había dicho nada más conocer su victoria.

El énfasis en el reforzamiento del desarrollo ha sido subrayado en ese foro, sin menoscabo de la pretensión por reducir el importante déficit presupuestario; dificil papeleta, en todo caso. La aceptación general con que se ha recibido el nombramiento de ese equipo económico no impedirá que sea el propio Clinton el principal decisor en ese área, corno se ha encargado de poner de manifiesto en Little Rock.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de diciembre de 1992