Estonia celebra sus primeras elecciones sin la participación de los rusohablantes

ENVIADO ESPECIAL Estonia celebra hoy sus primeras elecciones presidenciales y parlamentarias desde que recuperó su independencia en agosto del año pasado. Se trata de unos comicios en los que resalta más el hecho de que más de un tercio de la población -la minoría rusohablante- tiene vedada la participación, que la pugna electoral en sí, dada la similitud de planteamientos de las principales fuerzas contendientes.

Estonia es la más pequeña y menos poblada (1.580.000 habitantes) de las tres repúblicas bálticas que formaron parte de la URSS. Pero al mismo tiempo es la que ha dado pasos más decididos en la afirmación de su independencia: fue la primera en introducir una moneda propia y la primera en establecer controles de paso reales en su frontera con Rusia.

Asimismo, es la que ha creado un sistema más, rígido para la concesión de la ciudadanía a sus habitantes: sólo aquellos que fueron ciudadanos estonios durante el breve periodo de independencia de entreguerras (19201940) y sus descendientes son ahora ciudadanos de la república con plenos derechos, lo que deja fuera al 35% de la población, rusa en su mayor parte.

La legislación de la Estonia independiente la ha elaborado un Parlamento elegido hace dos años y medio y presidido por Arnold Ruutel, un ex dirigente comunista que, sin embargo, ha encabezado el tránsito hacia la independencia. Ahora se presenta a las elecciones para tratar de ser el primer presidente de la nueva Estonia, y representa la posición más moderada de entre las que buscan la elección.

Con Ruutel compiten el conservador ex ministro de Exteriores Lennart Meri, la nacionalista radical Lagle Parek y el profesor canadiense Rein Taagepera. Los sondeos otorgan a Rutitel el mayor número de votos, pero no los suficientes como para alcanzar la mayoría absoluta y ocupar automáticamente la presidencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0019, 19 de septiembre de 1992.

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