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El hospital que atendió al Rey ingresa a los enfermos en los pasillos

La clínica Puerta de Hierro, del Insalud, muestra desde hace cinco días un aspecto desalentador. Las camas en los pasillos se han apoderado de casi todas sus plantas. Algunos enfermos en fase terminal llevan días expuestos -se quejaban ayer sus familiares- a corrientes de aire nocturnas y al desasosiego lógico que supone recibir asistencia en medio de un pasillo. La situación de caos que vive la clínica en la que recientemente estuvo hospitalizado el Rey se agudizó el pasado viernes, cuando la gerencia decidió cerrar, por falta de enfermeras, 70 de las 561 camas de que dispone el centro.

La habitación que ocupó don Juan Carlos (la número 131) era ayer de las más desahogadas del hospital. Sólo albergaba a un enfermo, pese a que su tamaño es similar al resto y pese a que ayer, a menos de seis metros de distancia, había dos pacientes en el pasillo que, para colmo, ni siquiera disponían de un biombo que los aislara del trasiego hospitalario y de las rascas nocturnas de frío.Las habitaciones contiguas a la del Rey son también suntuosas. "Pero suelen reservarlas para autoridades y enchufes", subrayó un portavoz del SATSE, central mayoritaria de enfermería. En total son unas 20, y están situadas en el ala derecha del hospital, según se entra por la puerta principal. La habitación real parecía ayer por la mañana ajena al desbarajuste que soporta estos días la clínica, lugar de cita también del ministro Fernández Ordóñez.

El desorden adquirió su punto culminante, según el SATSE, el domingo día 14: un paciente subnormal falleció por asfixia y posterior fallo cardiado en una camilla instalada en el pasillo

Enfermeras que presenciaron la agonía de Juan Carlos Llorente Ramos, de 20 años, aseguran "impotentes", que no se le pudo aplicar a tiempo el aspirador de flemas porque no había ningún enchufe eléctrico al alcance. "En la habitación más próxima, donde sí hay enchufes, había dos camas con sus respectivos enfermos, y no cabía ninguna otra", aseguran estas fuentes. La versión oficial revela, sin embargo, que Llorente ingresó "muy mal" en el centro y que aunque se le hubieran aspirado las flemas "habría muerto".

El gerente de la clínica Puerta de Hierro, José María Segovia, corrobora esta última versión, y afirma que quienes hablan de desatención incurren en una "interpretación nociva y malintencionada". "La atención en este hospital, incluso en tiempo de dificultad, como puede ser el actual, es siempre exquisita".

Fuentes del Insalud atribuyen a la carencia de ATS la situación que atraviesa el centro, aunque subrayan que esta deficiencia es generalizada. "Si no hay enfermeras, no se las puede sacar de debajo de las piedras", aseguran. "El problema es nacional y mundial", apostilla el doctor Segovia, quien sostiene que la situación de su centro "es transitoria y coyuntural".

Según José María Porras, secretario regional del SATSE, el pasado lunes llegó a haber hasta 28 enfermos en los pasillos; ayer, sin embargo, el número se redujo a 18, matiza Paloma Segovia, delegada sindical del SATSE. El Insalud difiere de esta última cifra: "Hay 13 [por ayer], y se está trabajando para acomodarlos lo antes posible en habitaciones".

A medida que avanzaba ayer la mañana y una maraña de periodistas se acercaba al hospital fueron desapareciendo muchas camas de los pasillos. "A algunos los están acoplando en habitaciones donde ya hay otros dos enfermos", asegura el SATSE.

"Esto es insoportable"

Sobre las 13.30 de ayer seguía hospitalizada en el pasillo, después de cinco días, la anciana Avelina Villanueva. "Si aquí no hay sitio, que nos lleven a otro hospital; esto es insoportable. Imagine lo que supone estar, desde el pasado jueves, en un pasillo, sin aseos, sin silla donde sentarte...", se quejaba ayer su hija, María del Carmen.También había enfermos que, visiblemente mejorados, daban por bueno su ingreso, "aunque sea en el pasillo". "Si no hay habitaciones, ¡qué le vamos a hacer! No es culpa ni de los médicos ni de los enfermeros, que hacen todo lo que pueden". Los familiares de Luciano Hernández López, en los pasillos desde anteayer, no opinan lo mismo: "Está en fase terminal, y resulta desagradable que un paciente que requiere tantos cuidados esté expuesto a las corrientes y a la intranquilidad", señaló una sobrina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de junio de 1992

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