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CINE / 'PARIS TROUT'

Historia negrísima

Paris Trout es el nombre de la tercera novela del prometedor escritor norteamericano Pete Dexter, del eficaz guión que escribe sobre ella y de la primera película dirigida por su compatriota Stephen Gyllenhall, después de una larga trayectoria por distintas modalidades de televisión. También es el nombre de unos almacenes de un pueblo del sur de Estados Unidos en 1948 y de su violento propietario, personaje que le da ocasión al cada vez más sobrio actor Dennis Hopper para hacer un excelente trabajo.Tras este espejo de múltiples caras, en las que siempre aparece reflejado Paris Trout, se esconde una historia negra, negrísima, llena de violencia, racismo y sexo, dentro de la gran tradición de una variante del género policiaco que tuvo sus años de máximo esplendor durante la II Guerra Mundial y la primera época de la posguerra, gracias al aporte expresionista de múltiples realizadores huidos de Europa por la cada vez mayor fuerza del nazismo.

Paris Trout

Director: Stephen Gyllenhali.Guión: Pete Dexter. Fotografía: Robert ElswIt. Intérpretes: Dennis Hopper, Barbara Hersey, Ed Harris, Ray McKinnon. Estados Unidos, 1991. Estreno en Madrid: cines Luna, Duplex I, Excelsior, Vaguada, California (versión original).

En Paris Trout, la historia es típicamente norteamericana, no quedan rastros de expresionismo, pero sí aparecen esos sórdidos personajes característicos del género. Un prepotente y enloquecido comerciante y prestamista, capaz de matar a una niña de 12 años por cobrar una deuda; su mujer, que aguanta sus locuras para aprovecharse de su dinero y el bienestar que le proporciona, pero que decide dejarle cuando la viola con una botella de refresco, y su abogado, que no duda en liarse con la mujer de su cliente en pleno juicio por asesinato y dejar de trabajar a su favor.

Lo mejor de Paris Trout es Paris Trout, ese personaje al borde de la locura, bien servido por un sobrio trabajo de Dennis Hopper y una buena realización de Stephen Gyllenhall, que se muestra como un buen director de actores.

Al igual que ocurre en las mejores películas policíacas, Paris Trout también tiene algo de tragedia griega con esa madre paralítica que es un poco el frío testigo de todo lo que ocurre a su alrededor, conciencia de su racista, loco y asesino hijo, esa violencia que se dispara intermitentemente para sembrar de cadáveres la escena, y sobre todo un final en verdad estremecedor.

Dentro del marasmo que es el actual cine norteamericano, con superproducciones apoyadas por gigantescas campañas de publicidad, pero vacías de todo aliciente y contenido, y tímidos intentos de múltiples realizadores de televisión por hacer cine, pero que tras una o dos películas desaparecen, conviene recordar el nombre de Stephen Gyllenhall. Paris Trout, su primera producción para cine, no es una gran película, pero sí una película interesante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de junio de 1992