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Tribuna:
Tribuna

Un mundo despiadado

Todo futurible tiene su componente visionaria. Cuando se trata de calificar la solvencia y rentabilidad de una inver sión, la bola de cristal compite abierta mente con las sociedades de rating (calificación en las emisiones de papel), un negocio dominado internacionalmente por Standard and Poor's y Moody's. A falta de orientación analítica capaz de delimitar los contornos del riesgo -aunque con la ayuda de la firma británica IBCA, recién implantada en España-, el inversor de a pie alienta su esperanzas a base de olfato. Las apelaciones al mercado de los grandes grupos presuponen auténticas tormentas de liquidez, mientras quejas deseconomías industriales se acompasán con las mejores expectativas de inversión. La Bolsa jamás reaccionó mal ante una fase de ajustes industriales; la renta fija y los metales están empezando a dejar de ser el único refugio del ahorro.La mayor paradoja se expresa en Wall Street, centro de referencia internacional, con una reacción positiva cuando los grandes grupos -caso de American Telephone and Telegraph (ATT)- inician el gran ajuste. El mundo financiero es despiadado con los costes sociales del desarrollo económico.

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