¡Ojo con la depresión colectiva!

(...) Sin ser expertos en geoestrategia, los franceses no han tardado en comprender que la caída del comunismo y la unificación de Alemania obligaban a su país a cambiar el papel de potencia dominante de la Europa Occidental por ese otro, más modesto, de jefe de filas del Oeste de la gran Europa. ( ... ) Vuelven las manifestaciones más tradicionales del malestar colectivo: antes se llamaban xenofobia y deseo de orden; ahora, inmigración e inseguridad. ( ... ) Sindicatós marginados hasta llegar a ser los más débiles del mundo desarrollado; partidos políticos que no pasan de ser asociaciones de elegidos, sin apenas militancia; una Iglesia incapaz de recuperar para sí las aspiraciones de trascendencia; una escuela y un Ejército que ya no comulgan con los mitos de la República; la vida social se reduce a los ritos de una monarquía republicana medida por los sondeos. ( ... ) ¿Fatiga la desaparición de las aspiraciones colectivas y la creencia en el progreso?Mucho antes de la subversión del comunismo, el individualismo, el egotismo, el egoísmo, se habían impuesto fácilmente como valores cardinales de la mano del mercado. ( ... ) Una sociedad adulta no puede conformarse con el inmovilismo como horizonte, con la inacción como mito colectivo, con el dejar hacer como regla del juego. Porque la fatiga acaba por triunfar y con ella el extremismo que se adueña de los pueblos agotados.

23 de febrero

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 23 de febrero de 1992.

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