González asegura que no habló con Li Peng sobre la bomba atómica argelina

Barcelona / Madrid - 06 feb 1992 - 23:00 UTC

El presidente del Gobierno, Felipe González, compareció ayer antes de los medios informativos para negar que en sus conversaciones con el primer ministro chino, Li Peng, le hubiera expresado su preocupación porque la cooperación nuclear civil entre China y Argelia, iniciada en 1983, pudiera permitir a este país disponer algún día de tecnología nuclear militar. González se refería a una información publicada ayer por las primeras ediciones de este periódico. Li Peng finalizó ayer su viaje a España después de que tuviera que acortar su visita a Barcelona debido a las manifestaciones de protesta.

Por la mañana en Madrid, el presidente del Gobierno, Felipe González, se mostró convencido, al término de la visita de Li Peng, de que "el proceso de reforma, de apertura, de integración internacional" que se desarrolla en la República Popular tendrá "consecuencias en el terreno político y en el desarrollo de las libertades".Curiosamente fue Peng, según relató su anfitrión, el que primero suscitó la cuestión de los derechos humanos en su país.

González explicó su sorprendente presencia ante los medios de comunicación -en sustitución del ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez- porque deseaba, entre otras cosas, "hacer una apelación" para que se hiciera "un cierto esfuerzo de rigor" porque "he visto algunas informaciones (publicadas en prensa) que no se corresponden con la realidad de lo que ha pasado". El presidente se refería a la noticia publicada ayer en las primeras ediciones de este periódico según la cual González había expresado a Li Peng su preocupación porque la cooperación nuclear civil entre China y Argelia, iniciada en 1983, pudiera permitir a este país disponer algún día de tecnología nuclear militar. Tras reiterar que la información era "falsa", González eludió pronunciarse sobre si esa colaboración chinoargelina le inspira alguna inquietud. "El que sea o no un motivo de preocupación forma parte de otro orden de reflexión que nada tiene que ver con la visita del primer ministro chino", afirmó.

Li Peng, que se desplazó por la tarde a Barcelona abandonó la capital catalana a última hora de la tarde sin querer visitar el Ayuntamiento ante las protestas que efectuaban en la plaza de Sant Jaume unas 400 personas. La delegación china alteró el programa oficial sobre la marcha mientras Li Peng se entrevistaba en el Palau de la Generalitat con el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y después de que algunos miembros del séquito que trataban de cruzar la plaza fueran blanco de varios huevos lanzados por los manifestantes -dos grupos separados, uno de estudiantes de izquierda y otro de simpatizantes de las Juntas Españolas-, que protestaban contra la visita del responsable de la matanza de Tiananmen.

En Barcelona, al suspenderse la visita al Ayuntamiento y, consecuentemente, la entrevista con el alcalde Pasqual Maragall, la estancia en Barcelona del primer ministro chino se limitó a una rápida gira por el Anillo Olímpico y una entrevista con Pujol. Li Peng llegó al aeropuerto de Barcelona pasadas las tres de la tarde. En la pista le aguardaban el presidente de la Generalitat y el delegado del Gobierno en Cataluña, Francesc Martí Jusmet.

La llegada de Li Peng a la plaza de Sant Jaume fue contestada por dos manifestaciones de distinto color político. Unos 200 universitarios se concentraron en un extremo de la plaza tras una pancarta en la que podía leerse en catalán: "Li Peng assassí, fot el camp d'aquí'"(" Li Peng asesino, márchate de aquí"). Un número similar de personas, convocado por las Juntas Españolas, se concentró en el lado opuesto y coreó gritos de "asesino" contra el líder chino.

La presión de los manifestantes, que lanzaron sobre una parte de la comitiva claveles rojos e incluso algunos huevos, arredró a los responsables de seguridad de la delegación china, que decidieron suspender la entrevista con Maragall.

La salida de la comitiva china del palacio estuvo acompañada de una pitada y un nuevo lanzamiento de claveles rojos. Los estudiantes se manifestaron más tarde durante escasos minutos ante el Palau de la Generalitat y el Ayuntamiento coreando frases como: "Pujol i Maragall, més hipócrites que mai" ("Pujol y Maragall, más hipócritas que nunca").

El alcalde calificó de "desafortunada" la decisión de la delegación china.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 06 de febrero de 1992.

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