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El forense del exorcismo de Albaicin cree en el demonio

Manuel García Blázquez, médico cordobés de 45 años, autor de numerosos libros de investigación científica, ultima un relato novelado sobre la muerte de Encarnación Guardia en el curso de un supuesto exorcismo en el barrio granadino de¡ Albaicín, que ahora se juzga en la Audiencia de Granada. García Blázquez, que fue el médico forense en este caso, en tanto que católico practicante, admite la existencia del diablo, si bien matiza que los casos de posesión son rarísimos y que muchos de los descritos son simples ataques de histeria.

Aunque el volumen incluye capítulos puramente científicos, también hay otros ficticios en los que distintos médicos, desde Hipócrates a Freud, dialogan entre sí. Pese a que el libro defiende una tesis racional y explica cada uno de los supuestos fenómenos anormales ocurridos entre el 31 de enero y el 1 de febrero de 1989, fecha en que la víctima fue sometida al rito criminal, el médico dice que el demonio existe. Por otra parte afirma. que las personas que intervinieron en el caso conocían perfectamente cómo tenían que actuar.Mariano Vallejo, El Pastelero, el maestro de ceremonias de la chusca y dramática sesión de exorcismo a que fue sometida hasta morir Encarnación Guardia, también conversa en el libro con Freud, Hipócrates y Celso, y expone su parecer y contradice a los antiguos. Es de los pocos capítulos imaginarios de que consta el libro de García Blázquez, un cordobés de 45 años, católico, que cree en la existencia del diablo, aunque opina que en el ritual demoniaco de Granada todo se explica por ciencia y que las incursiones del Maligno son contadas. El forense decidió escribir el libro desde la fría noche de enero en que hizo la autopsia. "Yo fui al depósito de cadáveres dispuesto a encontrar al demonio. De haber sido así, no lo hubiera ocultado, aunque mi credibilidad como médico se hubiera resentido y me arriesgara a perder el trabajo, pero todo estaba perfectamente claro. Encarnación murió de un síndrome hiperosmolar causado por la ingestión de unos tres kilos de sal disueltos en agua".

El forense ha leído desde los días inmediatamente posteriores a la muerte de la mujer numerosos libros sobre los sorprendentes efectos de la histeria y sobre los rituales satánicos. "La familia de Encarnación Guardia conversa con muertos y aparecidos del mismo modo que otros comentan los programas de televisión. En su escala de valores, la persona de la familia más influyente es aquella que tiene más acceso a platicar con los espíritus. Yo no creía que en nuestra época pudiera ocurrir esto, y me he llevado una sorpresa, pero es así. Así se explica todo lo ocurrido". El libro defiende el fundamento científico de todos los fenómenos supuestamente demoniacos contados al juez por los que trataron de sacar de la matriz de Encarnación un engendro del diablo, operación que ella misma había sugerido.Testimonio novelado

"Las personas que participaron en el falso exorcismo conocían perfectamente cómo tenían que actuar. Si a Encarnación le hubieran dado en primer lugar la sal diluida en agua hubiera muerto en menos de dos horas. Sin embargo, primero le administraron vinagre y pimienta, que impiden la absorción inmediata por el estómago de la sal, con lo que la sesión de exorcismo se prolongó varias horas, desde la noche del 31 de enero a la madrugada del 1 de febrero". García Blázquez es autor de numerosas publicaciones científicas, pero es la primera vez que ha probado suerte en un género mixto entre el testimonio novelado y la divulgación.

"Incluso los católicos no hablamos hoy del demonio por temor al ridículo. En mi libro busco para todo una explicación científica y cuando no la encuentro lo digo, pero no añado más". Sólo hay un dato para el que el médico no ha encontrado una justificación verosimiI: la erización de los largos cabellos de Encarnación.

"Unos días más tarde de la muerte de la mujer visité a los detenidos, que estaban en celdas separadas, y todos coincidieron en el detalle del pelo. Eran cabellos largos, de 40 o 60 centímetros, y los músculos capilares no tienen fuerza para erizarlos". Esta circunstancia no fue probada en la autopsia, aunque el forense no duda del testimonio de los inculpados. "Si ocurrió de esta manera fue un caso de alucinación colectiva", señala.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de enero de 1992

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