Editorial:
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Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Basta de matanzas

EL DOLOR y la rabia embargan a todos ante las noticias que llegan diariamente de Yugoslavia. Las cifras de muertos aumentan. Los testimonios de los supervivientes del infierno de Vukovar indican que la guerra no ha sido causada por un odio secular que imposibilitara la convivencia. Esos relatos son una acusación tajante contra los dirigentel políticos y militares que, desoyendo la voz de la razón, se han lanzado a una guerra criminal y absurda, cuyo principal efecto, además de causar miles de muertos, es destruir unas regiones que ya estaban en una situación angustiosa.El principal responsable es, sin duda, el presidente serbio Milosevic y los mandos del llamado Ejército Federal que, en nombre de la salvación de Yugoslavia, han destruido lo que quedaba de la anterior Federación. Han lanzado al ejército y a grupos paramilitares a conquistar no ya las zonas de Croacia habitadas por.serbios, sino ciudades como Dubrovnik y Zadar, que nada tienen que ver con el problema de las minorías. Milosevic.y el general Kadijevic han firmado 14 compromisos de alto el fuego -un récord histérico para, a continuación, violarlos y proseguir los combates con redoblada intensidad.

El único objetivo sensato hoy es poner fin, como sea, a la contienda y que los problemas se discutan en torno a una mesa. Ningún cambio obtenido por las armas será reconocido por la comunidad mundial. La CE así lo ha proclamado desde el inicio del conflicto y explica hasta qué punto es insensata la conducta de los dirigentes que continúan las matanzas. La responsabilidad de la guerra no es sólo de una parte. El nacionalismo croata no puede eludir la enorme culpa que le corresponde. Proclamó la nueva independencia de Croacia sin dar las garantías imprescindibles a la numerosa minoría serbia de que no se iba a volver a la política de asesinatos masivos de serbios de la hitleriana Croacia de Pavelic. Es más, permitió que reapareciesen los criminales ustachis -con banderas y lemas fascistas- que han actuado libremente hasta hace dos días en los frentes y en las ciudades, cometiendo todo tipo de desmanes contra los serbios. Ahora, el presidente Tudjman ha detenido al jefe del Partido del Derecho, Dobroslav Paraga, acusándole de preparar un golpe de Estado contra él, pero lo cierto es que durante meses Croacia ha incumplido también los acuerdos de alto el fuego, manteniendo el cerco de los cuarteles federales y, por tanto, corresponsabilizándose de la continuación de la guerra.

Cabe lamentar que la CE no haya podido actuar con mas eficacia para poner fin a los combates. Pero sus esfuerzos, y los de lord Carrington, han permitido al menos reunir en una mesa trece veces a los presidentes serbio y croata, y a los jefes militares, para la firma de un alto el fuego. Ahora la ONU va a decidir, con toda probabilidad, el envío de cascos azules. Croacia ha presentado ya exigencias absurdas en cuanto a su colocación. El objetivo de los cascos azules no será fijar fronteras, sino evitar que sigan las masacres. En todo caso, la condición para tal envío es, de nuevo, que el alto el fuego sea efectivo, una reivindicación irrenunciable.

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