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Cartas al director

El protagonismo de Ordóñez

En su afán por desmerecer cualquier protagonismo al Gobierno socialista, ciertos comentaristas políticos adjudican el éxito -casi exclusivamente- de la ubicación madrileña para la Conferencia de Paz árabe-israelí al ministro Fernández Ordóñez.Sin quitar importancia a los buenos oficios y al talante de nuestro representante de Asuntos Exteriores, habría que precisar los límites políticos de su actividad para no desvirtuar determinados hechos referidos a sus quehacees diplomáticos.

La función del Departamento de Asuntos Exteriores no deja de ser sólo eso: una función. Los cancilleres, para ajustarse dignamente a sus actuaciones, deben ser fieles traductores de las directrices globales que, en cuanto a relaciones internacionales se refiere, determinen sus respectivos Gobiernos; lo contrario sería del género absurdo. En cualquier caso, todo tipo de autonomía de criterios políticos por parte de dichos representantes diplomáticos iría en contra de los intereses del Gobierno al que deben lealtad. Otra cosa serían las valoraciones políticas e ideológicas que hagan esos ministros, al margen de sus funciones específicas, sobre determinadas orientaciones elaboradas por sus propios compañeros de Gabinete. La labor del miembro de un Gobierno no empece su capacidad crítica.

Por eso, aunque se esté en contra o a favor de un Gobierno determinado, nunca la demagogia debe suplantar a la lógica de la política y a sus mecanismos necesarios.-

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