Una corrida trabajosa
Corrida trabajosa, tercios laboriosos, faenas "imposibles". ¿Imposibles? Cualquier viejo aficionado, tirando de tauromaquia y recuerdos personales, explicaría que no, y simularía en el aire los pases que en circunstancias parecidas le vio a Frascuelo, si el aficionado es longevo, o a Ortega (el de Borox), si todavía anda juncal. Lo que pasa es que el toro ya no sale como salía entonces y salió aquí, y se ha perdido costumbre y entrenamiento.Por si fuera poco, cuando sale una corrida dificultosa, con toros muy serios que no se entregan o ponen ásperas condiciones para entregarse, el cartel de toreros no es el cartel de figuras que sería natural organizar, sino matadores con pocos contratos. Y en esas circunstancias la duda razonable es si los toros fueron tan desabridos por naturaleza o por las circunstancias lo parecieron. Y una conclusión que rara vez falla: que a veces se junta el hambre con las ganas de comer.
Cobaleda / Ramos, Luguillano, Cámara
Toros de Sánchez Cobaleda, magníficamente presentados y dificultosos. José Luis Ramos: pinchazo, estocada aguantando y rueda de peones (algunos pitos); media baja, estocada corta y cuatro descabellos (silencio). David Luguillano: pinchazo y estocada baja (algunos pitos); tres pinchazos y golletazo (bronca). Fernando Cámara: estocada corta baja, descabello -aviso- y dos descabellos (silencio); bajonazo (palmas).Plaza de La Glorieta, 15 de septiembre. Cuarta corrida de feria. Tres cuartos de entrada.
José Luis Ramos no aguantó a su primero, que tenía un pitón izquierdo que parecía aprovechable y en el segundo salió decidido (dos largas de rodillas en el tercio) pero en la muleta, entre que el toro miraba sin entregarse y que el torero le quitaba la muleta de la cara al final de los pases, la cosa se vino abajo.
David Luguillano dudó mucho ante su primero y lo natural era dudar, porque el toro era corto de forma intermitente, pero no es que se parase al tercer pase, o al segundo y siempre así, sino que de golpe y porrazo se paraba y pegaba un susto de padre y muy señor mío. En el quinto se incomodó por la impaciencia del público y apenas hubo esbozado un intento -que produjo protestas-, cortó por lo sano y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, se quitó el toro de en medio.
Cámara estuvo decoroso en su primero que por el izquierdo no tragaba un pelo y que en los derechazos salía de los pases y se ponía a buscar conocidos en el tendido. En el último, que estaba perdido de los cuartos traseros, quiso, pero el toro se paró como un mueble.


























































