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Los adoquines de Vilna

Algunos analistas se preguntan si estaremos viviendo los estertores de un ciclo bajista cuya fase terminal estaría influenciada por factores de índole monetaria y político-económica. Se habla de compás de espera después del respiro de la última semana de agosto -un mes que por otra parte se ha saldado con los mínimos volúmenes del año- aunque siempre con el ¡ay! en el cuerpo. Los indicadores sectoriales realizados con el soporte técnico del chart -gráficos de evolución de los índices- arrojan pendientes bajistas, precauciones en los altos y hasta deformaciones peligrosas.El pronóstico es pura adivinanza para salir de las arenas movedizas de un verano en el que se han alternado la precaución y el sobresalto de los tres días de agosto que estremecieron al mundo. La gran caída y el rápido remonte de los índices, que sirvieron de retablo financiero al traqueteo de los carros en Moscú y al estrépito de las estatuas de Lenin contra los adoquines de Vilna (capital de Lituania), han demostrado que las bolsas españolas tienen una liquidez a prueba de pánico. Nadie se quedó atrapado sin poder entrar o salir; y éste es un antecedente con carácter a la hora de afrontar el futuro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 02 de septiembre de 1991.

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