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CARTAS AL DIRECTOR

Nostalgia de 'La Cenicienta'

El pasado jueves 25 de julio, mi hija de 26 años y yo, de 52, decidimos ir a un cine en la Gran Vía madrileña para ver una película del año 1950 que ya, 15 años antes, habíamos visto también juntas: La Cenicienta. La sala no estaba ni mucho menos llena; a lo máximo éramos 50 personas. Antes de empezar la película un niño corría entre los asientos de la sala con una espada de plástico rosa en la mano fantaseando con ser una tortuga ninja.Se inició la proyección, los 75 minutos que dura la película nos parecieron cinco y disfrutamos cada pequeñísimo detalle intensamente. Nuestras carcajadas resonaban en la sala más fuertes que las de ningún niño. La película terminó, nosotras la aplaudimos igual que hace 15 años la aplaudió todo el público, se encendieron las luces de la sala y los espectadores empezaron a salir. Los padres que habían llevado a sus hijos salían risueños, pero la mayoría de los niños salía con cara de aburrimiento, especialmente el niño de la espada.

En la película de Cenicienta no hay disparos, ni robots, ni boxeadores, ni armas, ni rayos, ni monstruos, ni sangre, ni explosiones. Y, desde luego, no hay Cenicienta 2, 3, 4... 27. Me gustaría dar un buen consejo a todos los padres: lleven a sus hijos a ver esta maravillosa película. Quizá ellos también disfruten, ustedes seguro que sí- Caridad Sánchez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de agosto de 1991