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Canciones de lucha en el Festival de Montreux

Nuevo éxito en la primera noche totalmente jazzística del Festival de Jazz de Montreux. Después de diversas e interesantes veladas dedicadas a las músicas más dispares, el festival estival centroeuropeo por antonomasia se adentró en el jazz más contemporáneo, eso sí, desde tres puntos de vista sumamente diferenciados (en algo tenía que notarse el toque Montreux).

La idea de la nueva Liberation Music Orchestra sigue siendo la misma, y sigue funcionando a la perfección: adaptar al idioma jazzístico canciones de lucha por la libertad de diferentes pueblos oprimidos del mundo. Así fueron desfilando desde el Himno del Congreso Nacional Africano hasta el del Movimiento Anarquista de Mujeres de la preguerra española, pasando por canciones de El Salvador, Venezuela y espirituales dedicados a los líderes negros. Arreglos deliciosos de Carla Bley sobre los que la banda se movió con una ductilidad hipnótica, dejando que algunos solistas mostrasen su calidad y su implicación con la idea. Tom Harrell, Amina Claudine Myers, Paul Motian y Jullan Priester fueron el contrapunto ideal al contrabajo del líder, que se lució a placer en uno de sus temas preferidos dedicado a La Pasionaria.

Siguió el quinteto del pianista Don Groinick, una de esas bandas de lujo en las que el peso de los sidemen tiene más importancia que el propio líder. Groinick es un perfecto artesano, pero esa noche el genio estaba repartido entre Eddie Gómez, Joe Henderson y Randy Brecker.

Andy Summers cerró la velada con otra banda de lujo en la que se incluía un expansivo Bill Evans y el siempre dinámico bajo de Darryl Jones. Summers volvió a mostrarse como un gran guitarrista, pero su música actual no va demasiado lejos y la velada concluyó bastantes enteros por debajo del punto en el que había comenzado.

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