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CARTAS AL DIRECTOR

Abandonada en Barajas

Soy alemana, estoy casada con un español y vivo en España desde hace 18 años. Aunque me satisface vivir en este país, el hecho que seguidamente relato me hace sentir la necesidad de informar públicamente del indignante e intolerable grado de negligencia y desidia a que se puede llegar en los servicios a los ciudadanos.Mi madre tuvo que trasladarse a Alemania el pasado 28 de junio para operarse con urgencia ese mismo día a consecuencia de un accidente. Su vuelo con Iberia salía a las once de la mañana desde Barajas, y un empleado se la llevó a pasar la aduana, sin consentir que ningún familiar la acompañara, teniendo en cuenta su edad (62 años), su ignorancia del idioma español (estaba aquí de visita por unos días) y su delicado estado de salud (iba en silla de ruedas). Ese mismo empleado se llevó el bolso de mi madre (con el dinero y la documentación) para pasarlo por el control correspondiente. Pero el empleado nunca volvió.

Mi madre, por razones de idioma no consiguió comunicarse con nadie. Fue conducida a un avión, devuelta a la sala de espera y quedó allí abandonada. Nunca supo si el avión salió. Estuvo sola hasta las dos de la tarde sin hacerse entender por nadie, sin que en información ni ningún empleado o azafata se esforzara por comprender lo que suplicaba, pidiendo por señas dinero para telefonear a su familia, cogiendo un trozo de papel de una papelera para apuntar mi teléfono.

Afortunadamente, una azafata alemana de Lufthansa la ayudó a las 14.30 y recuperó su bolso, en el que faltaban 800 marcos alemanes (50.000 pesetas).

No llegó a su destino a la hora prevista, 14.15, sino a las siete de la tarde y su tardanza impidió la operación aquel mismo día, y todavía hoy no puede ser intervenida porque las horas transcurridas en Barajas, en la silla de ruedas en lugar de con la pierna en alto, le han producido una hinchazón que no acaba de desaparecer.

Hasta ahora nadie nos ha aclarado lo sucedido y nadie ha proporcionado ninguna explicación. Hechos como éste hacen dudar de que este país esté seriamente preparado para acoger con garantías a los turistas que reclama y cuestionan las posibilidades de que la ciudad de Madrid salga airosa de su capitalidad cultural de Europa en 1992.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de julio de 1991