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Cartas al director

La varita mágica

Leo por las esquinas de la Villa carteles que dicen: Madrid 1991: el Año de las Luces. ¡Caramba! ¡Qué ilustrados nuestros ediles! Cuando salgo de mi asombro decido sumarme a la propuesta y comienzo por el principio, es decir, por aquello que Kant consideraba la divisa del Siglo de las Luces: Sapere aude, atrévete a pensar.Y conforme pienso me embarga la desolación. ¿Pues no creen nuestros ediles que la cultura es concentrado anual de estrenos, exposiciones, conciertos, homenajes y todo tipo de actos con los que nos amenazan? ¿Pues no están comparando el Siglo de las Luces con un año de exceso de crónicas sociales?

Y sigo pensando... pero no puedo ser tan dura, no es sólo eso. También están trabajando nuestros ediles para que la Villa sea limpiada y rehabilitada, y hasta acometen proyectos urbanísticos de envergadura (así dicen ellos).

Entonces comienzo a temblar, ¡oh, espanto! ¿No se encargará de esto el área de Obras Públicas del distrito Centro? ¿No se les ocurrirá encomendar la tarea de rehabilitar a aquellos que han convertido la calle del Acuerdo, donde vivo, en un aparcamiento inmundo al olvidarse de poner mojones o jardineras que impidan el paso de los coches a un tramo peatonal?

Pensar me tranquiliza: lo que yo no he conseguido con un año de denuncias se resolverá con la varita mágica del 92.- .

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