Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

10 años de colza

EL DÉCIMO aniversario de la tragedia de la colza no es un mero recuerdo ni constituye la simple conmemoración de una efeméride. Las consecuencias terribles del envenenamiento masivo por consumo de aceite de colza desnaturalizado, que comenzó a descubrirse el 1 de mayo de 1981, siguen produciéndose 10 años después. Nuevas víctimas mortales engrosan las estadísticas oficiales -429 personas fallecidas hasta el 31 de marzo de 199 1 - o las oficiosas, que elevan su número a 700, Más de 20.000 afectados se encuentran abocados a acudir regularmente al ambulatorio para recibir tratamiento por sus dolencias físicas y psíquicas.Las causas y las responsabilidades que están en el origen de la mayor catástrofe sanitaria de la España moderna no se han dilucidado del todo 10 año,,, después. Judicialmente, el caso no está cerrado. La justicia ha actuado con la lentitud que le es propia contra los desaprensivos que, con sus infames prácticas comerciales, provocaron el homicidio colectivo. Pero aún está pendiente la aclaración de las posibles responsabilidades de determinados cargos públicos en el proceso de importación del aceite de colza, en la autorización para su consumo y en el control de su venta ambulante. La resolución de este proceso se ha convertido para los afectados en la única vía para conseguir la justa reparación indemnizatoria que tozudamente les niega la Administración.

Las prestaciones económicas y sociales entregadas en estos años a los afectados -cuantificadas oficialmente en unos 50.000 millones de pesetas- responden a exigencias asistenciales que no agotarían, ni mucho menos, las posibles obligaciones pecuniarias del Estado por causa de su responsabilidad en la tragedia. A todo ello se añade que aún no se conoce la causa de la enfermedad. Se sabe que el aceite de colza desnaturalizado fue el vehículo que llevó la tragedia a miles de hogares, pero médica y científicamente sigue siendo una incógnita el agente químico que la provocó. Demasiados cabos por atar y que explican que en el décimo aniversario del inicio de aquel tremendo crimen colectivo, exista entre las víctimas que sobreviven una sensación de rabia e impotencia difícil de ocultar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de mayo de 1991