Los diputados conservadores británicos deciden hoy si ponen fin a la era de Thatcher

Los parlamentarios conservadores votan hoy si mantener a Margaret Thatcher como líder del partido -y en consecuencia primera ministra- o sustituirla por el ex ministro Michael Heseltine, cuya campaña ganó fuerza conforme se acercaba la jornada electoral. El final de la carrera estuvo llena de codazos. A la acusación de la primera ministra de que Heseltine es un criptolaborista, ha replicado el campo del candidato diciendo que tales palabras muestran que Thatcher ha sucumbido al pánico.

Las defecciones de parlamentarios hasta estas fechas acérrimos seguidores de la primera ministra han convertido en tórrida la atmósfera política en los círculos conservadores. Todos los tránsfugas se deshacen en elogios de la primera ministra, a quien agradecen su entrega y los éxitos que ha brindado al país y a la causa conservadora, pero insisten en que ha llegado el momento de optar por otro líder.La creencia de que Heseltine ofrece mayores garantías de derrotar a los laboristas en las próximas generales, previstas para 1992, es uno de los principales motores del cambio de actitud.

Los leales a Thatcher insisten en que los sondeos tan favorables a Heseltine son meramente circunstanciales y que de aquí a unos meses, en cuanto mejoren las perspectivas económicas, la primera ministra volverá a contar con el favor del electorado.

Thatcher criticó ayer en una entrevista publicada por The Times todas las propuestas de Heseltine, que presentó como contrarias a las suyas y "muy parecidas a las políticas del Partido Laborista". El aspirante rechazó tal juicio y dijo que la razón de ser de su candidatura es evitar que los laboristas lleguen y subviertan todo lo conseguido en once años de Gobierno conservador.

Endurecimiento verbal

Los partidarios de la primera ministra defendieron como lógico el endurecimiento verbal del desafío, mientras uno de los partidarios de Heseltine comentó que las declaraciones de Thatcher eran reveladoras del pánico que asuela su campo. Margaret Thatcher intentó ayer sacar el máximo partido en la cumbre de París a su condición de líder de estatura mundial y dijo ser optimista con respecto al resultado de la votación de hoy. "No ha llegado el momento de escribir las memorias", comentó.El ministro de Exteriores español, Francisco Fernández Ordóñez, estimó en París que, dadas sus circunstancias internas, Thatcher "no está muy comunicativa".

[Al ser preguntada si ganaría a Heseltine, la primera ministra británica contestó: "Sí, creo que venceré". Uno de sus consejeros añadió que, a juzgar por las numerosas citas que ha contraído en París con jefes de Estado y de Gobierno, no parece una primera ministra que se sienta derrotada, informa Ignacio Cembrero].

El triunfo matemático lo conseguirá, de acuerdo con las vigentes complejas reglas, quien obtenga la mitad más uno de los 372 votos de los parlamentarios conservadores (187) y una diferencia del 15% del colegio electoral (56 sufragios) sobre su rival. En el palacio de Westminster sigue creyéndose que Thatcher ganará a Heseltine, pero no se descarta una segunda vuelta, que el ex ministro de Defensa forzaría si consigue 159 sufragios e impide con ello la victoria de Thatcher. Las abstenciones van a jugar un papel decisivo, pues, en función de su número, menor será el número de votos que necesite Heseltine para concurrir a una nueva ronda. Una victoria no holgada o una segunda vuelta serían una incuestionable derrota de Thatcher, cuyo ocaso analiza la prensa británica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0019, 19 de noviembre de 1990.

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