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Tribuna

Pequeño y feo

Con un volumen de negocio pequeño, camino de mínimos, el mercado de valores madrileño se ha convertido en un espacio estrecho y de feo aspecto. Sólo el dinero institucional, los profesionales que éste emplea y cuatro románticos hábiles se atreven a tomar alguna decisión. La bolsa camina hacia la inmovilidad. No hay estímulos, apenas hay valores que ofrezcan la posibilidad de entrar y salir con fluidez y el dinero brilla por su ausencia.Desde el exterior sólo llega un aplastante silencio. Los inversores extranjeros callan, y sus órdenes, escasas, son en su mayoría de venta. De pronto, operaciones de unas decenas de millones de pesetas, despectivamente calificadas de picos, han cobrado una importacia inusitada. Sociedades y agencias de valores se encuentran en mitad de una tormenta de incertidumbres que ahoga consejos, aplasta voluntades y coloca en un segundo plano datos que apenas hace unos meses tenían una gran importancia.

El IPC ha pasado desapercibido. Algún profesional incluso inquiría por el dato horas después de hacerse público, algo impensable hace unas semanas. Sigue el goteo, continúa el desgaste de precios y el temor a un cierre de ejercicio desagradable se acrecienta. Ni siquiera se alude a los socorridos repuntes. Todo está en el aire.

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