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Entrevista:

"La política alemana no será una política de poder"

El ministro de Asuntos Exteriores de la RFA se reunió ayer brevemente con el secretario de Estado norteamericano, James Baker, para comunicarle un incremento de la ayuda económica germana por la crisis del Golfo. Genscher, que fue acusado de quintacolumnista por solicitar apoyo para el líder soviético Mijaíl Gorbachov, ha regresado esta semana de Moscú con un tratado de amistad germano-soviética. El ministro, de militancia liberal, pasa revista a la posible arquitectura de Europa tras la unidad alemana.Genscher habla de una "Europa mayor" que sobrepasaría los límites de su núcleo original, la CE. Una Europa que contendría en su seno al Este, incluida la URSS.

"El genscherismo se ha convertido en un movimiento multitudinario de alcance mundial. En todos los lados me encuentro con genscheristas", explica con cierta sorna el jefe de la diplomacia alemana occidental, recordando como sus críticos acuñaron este término cuando, en 1987, ante sus aliados en la OTAN, defendió y pidió apoyo para el presidente soviético, Mijaíl Gorbachov. Tenía razón entonces al intuir que el líder del Kremlin iba a hacer posible que se realizara el sueño de su vida. Hans Dietrich Genscher se repantiga en el sillón de su despacho, en Bonn, al lado del Rin. Acaba de volver de Moscú con la soberanía alemana bajo el brazo.Nacido hace 63 años cerca de Halle, en lo que todavía es la República Democrática Alemana, es jefe de la diplomacia de Bonn desde hace la friolera de 16 años y ha convertido a su pequeño partido liberal en la pieza clave d6cualquier Gobierno, tanto democristiano como socialdemócrata. Dentro de tres semanas será el primer ministro de Exteriores de la Alemania unificada. Genscher mantuvo el viernes una larga conversación con representantes de cinco periódicos europeos y norteamericanos, entre ellos EL PAÍS.

La política alemana no será una política de poder, insiste, sino de buen ejemplo y dirigida hacia la unificación europea dentro de la CE, la construcción de la Europa mayor en el proceso de la CSCE, la protección del medio ambiente, el desarrollo del Tercer Mundo y, también, al reforzamiento de las Naciones Unidas". Para Genscher, la idea que nació en 1967 en Helsinki y que se convirtió en la CSCE está cerca de hacerse realidad en for ma de un orden de paz europeo. "Algo que ya entonces se veía vinculado con la unificación alemana", añade.

Una Europa mayor

De esta Europa, que llama "mayor" en contraposición a la CE, que sería el núcleo central, no se debe excluir a la Unión Soviética. "No se puede crear la nueva Europa sin la URSS, y mucho menos contra ella", sentencia, y añade después un punto más de ambigüedad sobre el futuro de la Alianza Atlántica al presentar un nuevo concepto, lo que llama "una declaración transatlántica", que redefiniría la relación entre la Europa comunitaria y Estados Unidos y que podría ser firmada este mismo año. "Cuando Europa encuentre su identidad, el Atlántico no debe volverse más ancho".

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Genscher asegura que ya tiene varias ideas sobre su contenido, algunas de las cuales iba a discutir ayer con el secretario de Estado norteamericano, James Baker.

Parece haber aprendido bien la lección de estos últimos meses, cuando el proceso de unidad alemana fue empujado siempre por decisiones claramente políticas, en contra de las opiniones de los expertos, los economistas y los banqueros. En contra de la opinión generalizada que coloca a Alemania en el bando de quienes se oponen a la unidad monetaria europea, piensa Genscher que "todas las buenas razones de política económica, monetaria y exterior abogan a favor".

Para el político liberal, el mercado único que entrará en vigor el 1 de enero de 1993 no se podrá desarrollar plenamente si no va acompañado de una política económica y monetaria común. "No vamos a gozar de todas las ventajas de la fuerza de un mercado único si hacemos políticas monetarias y financieras divergentes". Piensa que la unión monetaria tiene una fecha bien clara, la realización del mercado único", y que las condiciones también están claras: son Ias expuestas en el plan Delors". Para el futuro Banco Central Europeo defiende la sede de Francfort, y casi se enfada cuando se le agita el fantasma de la recesión. "Los problemas que puedan surgir no se solucionarán no creando la unión monetaria".

"He conocido a muchos diplomáticos occidentales, algunos de los cuales han envejecido y se han jubilado, que temían día y noche que los alemanes fuesen a dejar a la Alianza Atlántica y a la CE con tal de conseguir su unidad", explica, insistiendo en las canas de sus preocupados colegas. "Acabaron por no tener razón, y nosotros siempre lo hemos sabido". Temas como la antes temida neutralidad o las relaciones privilegiadas con la URSS, país con el que acaba de rubricar un tratado de amistad que en algunas cancillerías ha despertado malos recuerdos históricos, los desdramatiza poniéndolos en un contexto más amplio. "Estas relaciones son de importancia central", dice, "esto es bueno para toda Europa, precisamente porque somos miembros de la CE y porque somos miembros de la OTAN. Francia va a hacer un tratado amplio con la URSS, y nosotros lo aprobamos. EE UU y la URS S tienen relaciones más estrechas que nunca, como demuestra la crisis del Golfo, y también lo aprobamos, sinceramente y de todo corazón".

Niega Genscher que Moscú se haya aprovechado de la RFA pidiendo cantidades astronómicas de dinero (15.000 millones de marcos) para financiar la salida de sus tropas, ya que sin este dinero hubiera sido imposible la salida del Ejército rojo.

Para confirmar que Alemania no se inclinará por una neutralidad, Genscher admite que "en el futuro consideramos correcta la presencia de tropas aliadas en nuestro territorio" y que la cantidad y calidad de esas tropas deberá ser determinada en la conferencia dé desarme de Viena y en el seno de la Alianza Atlántica. "No nos toca a nosotros decidirlo solos", concluye.

El hombre que vino del Este

"No sé si ya es un poco reaccio nario seguir utilizando las palabras occidental y oriental como conceptos políticos cuando ya no son más que conceptos geográficos", responde a la pregunta de si la futura Alemania unificada será más oriental y más protestante, para agregar que "45 años de separación no han convertido una nación en dos naciones, esto es lo decisivo".

Avisa del error que significaría que Alemania monopolizara el este de Europa, considerándolo su dominio. "Sería sobreestimar nuestras fuerzas. Tendremos una gran parte, no cabe duda, pero deseamos que los demás participen en el desarrollo de estos países" y se muestra optimista sobre el futuro del territorio de la RDA. "Crearemos unas prioridades que permitan a los cinco nuevos Estados federados recuperar la desventaja en que se encuentran ahora", y deja escapar un algo de orgullo regional al recordar que "una gran parte de estos Estados fueron durante un tiempo una de las zonas más desarrolladas no sólo de Alemania, sino de toda Europa".

"Las medidas del Consejo de Seguridad tienen que ser realizadas y no pueden ser negociadas. El tiempo obra en contra de Sadam Husein y la clara posición de la comunidad internacional así lo garantiza", indica el jefe de la diplomacia de Bonn, pero no puede esconder las críticas que le han llovido desde Washington por no contribuir ni militarmente ni con una gran suma al mantenimiento de las tropas.

Genschér habla del apoyo "a los países más afectados", y en la víspera de la visita de Baker añade "el apoyo a aquellos países que envían fuerzas armadas; en este punto vamos a dar una contribución adecuada". Pero Bonn se ha encontrado en esta ocasión atado de pies y manos por la ley fundamental, que le impide enviar tropas fuera de los límites de la alianza militar a la que pertenece. "Nuestra Constitución, por razones históricas, nos impone una limitación", concluye el ministro, quien prevé tras la unidad una reforma constitucional.

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