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Fama de locos

El cura, el farmacéutico y el alcalde de la localidad están en desacuerdo sobre la fama ancestral de Tarifa: la locura, hija del viento.

"Eso es injusto. Aquí hay muy pocos locos, aunque, cuando sopla levante durante muchos días, uno se siente apocado", afirma el alcalde, Antonio Ruiz Jiménez, del partido socialista.

Para el sacerdote, don José María, "hay muchos tarados en el pueblo. El viento afecta, la gente se crispa y se pone de mal humor".

"A los criollos no nos influye el aire. No hay más locos que en cualquier otro sitio", tercia Juan Luis desde la farmacia central. El medicamento estrella del establecimiento es el gelocatil, un fármaco contra el dolor de cabeza.

Para algunos tarifeños, los auténticamente grillados son los deportistas que se hacen a la mar cuando ni siquiera los pescadores se atreven. Este año, un joven tarifeño desapareció mientras practicaba windsurf.

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"A mis padres sí que les llamaron locos cuando, hace 22 años, abrieron el primer cámping. Ahora tienen dos, y están a rebosar, añade José Luis Dujat, que regenta un chiringuito playero lleno de clientes esculturales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de agosto de 1990