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CARTAS AL DIRECTOR

Arrogancia lingüistica

Me parece una maravilla que Michael J. Walker, que es profesor de Antropología, no muestre más tolerancia sobre los cambios lingüísticos en América. Durante mi estancia en España me ha sorprendido no solamente la tolerancia, sino el interés que generalmente tienen los españoles hacia la cultura latinoamericana. Desafortunadamente, no es lo mismo con la mayoría de los ingleses (y no quiero decir británicos) con los que he tenido contacto respecto de Estados Unidos. La carta del señor Walker (EL PAÍS, 15 de julio de 1990) es un buen ejemplo de una arrogancia lingüística que es típica de algunos ingleses que siguen afirmando no la diferencia, sino la superioridad del inglés de Inglaterra (y, en el caso del señor Walker, del castellano de España. también). Claro, no se dice coger un autobús en Buenos Aires, pero, señor Walker, profesor asociado extranjero permanente de Antropología Física en la Universidad de Murcia, ¿por qué es tan difícil aprender a decir agarrar? En EE UU, los ingleses tienen que aprender a tener cuidado cuando quieran hablar de sus asses y cocks. Estos cambios, entre muchos otros, no deben ser considerados como decadencia e impureza de la lengua original, sino que es un signo de la riqueza de un idioma y de una cultura desarrollándose en una tierra distinta. Aunque existen ahora nuevos modos de explotación (especialmente de EE UU hacia casi toda Latinoamérica, y yo soy uno de los primeros en decir que es una vergüenza), no se debe olvidar que la mayoría de los países de América ya no son colonias de Europa. Estamos haciendo, inventado, hablando y escribiendo nuestras cosas en nuestros propios idiomas. El hecho de que la perspectiva eurocéntrica no sea la única (¡sobre todo en la antropología!) debería ser sólo una de las cosas de las que tenemos que acordarnos en estos años tan cerca del V Centenario del descubrimiento de América. (Y para que el señor Walker lo sepa, en EE UU sí sabemos distinguir muy bien entre honest y honorable (¡sic!), entre exciting y moving y también entre chemist y pharmacist).- David Kropf

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de julio de 1990