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Un rostro como los demás

La cirugía craneofacial corrige las malformaciones congénitas y los complejos que originan

La cirugía ha desarrollado recursos para que un cráneo desmesurado o una evidente asimetría de los ojos no recluyan para toda la vida o, incluso, provoquen la muerte cuando a las malformaciones congénitas se asocian problemas orgánicos. Su corrección es más fácil si el diagnóstico se efectúa durante los primeros 15 meses de vida. Pero también fue posible para una joven de 17 años que desde un pueblecito de Ciudad Real conoció la posibilidad de tener un rostro como los demás mediante una intervención en el hospital Doce de Octubre de Madrid.

El equipo médico de cirugía craneofacial del Doce de Octubre tiene ahora un empeño personal en rematar el resultado de la intervención quirúrgica con la ayuda desinteresada de un conocido peluquero madrileño y una esteticista. Se trata de dar un empujón hacia la autoestima de aquellas personas que, por una desconocida jugada genética, crecen con una malformación en el rostro.La joven de Ciudad Real intervenida, cuya identidad permanece oculta por el momento vivía sin salir de casa; llevaba el pelo muy largo sobre la cara para ocultar el aplanamiento de su frente, la excesiva separación de sus ojos y la asimetría de la región mandibular. Son consecuencias de la sutura defectuosa de los huesos en el periodo de crecimiento. Su caso fue discutido durante dos meses por el equipo de especialistas con el apoyo de un éscaner tridimensional.

El estudio radiológico acoplado a un programa de ordenador permite localizar los puntos óseos con mayor desviación frente a las medidas de referencia normales para diseñar las correcciones. Se puede, como hizo el neurocirujano Pablo Furelos, esbozar un pequeño diseño artístico para mostrar a la paciente los resultados previsibles de la operación.

Placas de titanio

Después, la intervención consiste en cortar uno a uno los huesos afectados por la remodelación. En este caso el frontal, el orbital y el maxilar, causantes de la asimetría respecto al otro lado de la cara. Una vez remodelados, vuelven a entramarse en su lugar correspondiente con miniplacas de titanio. Un pequeño autoinjerto de hueso sirvió para levantar una órbita situada seis milímetros por debajo del nivel de la otra."Estadísticamente el riesgo es muy pequeño", afirma el neurocirujano Javier Esparza, coordinador del equipo médico. Los especialistas deben evitar al máximo los traumatismos del cerebro, el riesgo de infecciones o los daños que puedan sufrir los globos oculares.

Las satisfacciones deben de ser muy grandes a juicio de las caras que, según Esparza, ponen las madres de los pequeños intervenidos al comprobar los resultados. La joven manchega todavía no ha podido verse en un espejo ya que tiene los párpados cosidos para frenar el edema posoperatorio.

La unidad de Cirugía Craneofacial del hospital Doce de Octubre tiene un año y medio de existencia. Durante este periodo se han realizado en ella 51 operaciones -aproximadamente una por semana- para corregir malformaciones congénitas del rostro, secuelas de accidentes y extirpar tumores.

Este servicio funciona como van a funcionar los hospitales en el futuro", explica orgulloso Javier Esparza, es decir, a base de equipos multidisciplinares como neurocirujanos, cirujanos maxílofaciales y plásticos. Todos ellos con el concurso de anestesistas, muy necesarios en este tipo de operaciones por su larga duración.

Diagnóstico precoz

El caso de la joven de Ciudad Real, que por iniciativa propia les llegó a través del Instituto Nacional de la Salud (Insalud) es inhabitual en esta unidad. Normalmente se intentan corregir las malformaciones de cráneo y rostro durante los primeros años de vida."Es importantísimo el diagnóstico precoz", insiste Esparza, "porque los huesos de los niños son mucho más fáciles de modelar". Apela también a la sensibilidad de los médicos para prestar especial interés a este tipo de defectos que tantas secuelas psicológicas provoca. La unidad del Doce de Octubre dispone de un psicólogo de apoyo para los pacientes, muchos de los cuales ya fueron sometidos a anterior tratamiento.

El cerco de aislamiento que padecían hasta ahora las personas con malformaciones congénitas del rostro empezó a romperse en 1967, fecha en que un cirujano francés impulsó la cirugía craneofacial. "Estas intervenciones sólo pueden realizarse en la sanidad pública por la cantidad de medios técnicos y humanos que requieren", insiste el coordinador del equipo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de julio de 1990