Un gran pianista de concurso
Comenzó el jueves en la sala de cámara del Auditorio Nacional el ciclo pianístico Medalla de Oro, organizado por la fundación Isaac Albéniz, que nos trae los primeros grandes premios en los últimos concursos internacionales celebrados en Texas (Van Cliburn), Leeds, Moscú (Tchalkovsky), Lisboa (Vianna da Motta), Santander (Paloma O'Shea) y Tel Aviv (Rubinstein).Alexei Sultanov, el joven galardonado en el Van Cliburn de Texas, es un soviético, nacido en Tashken, todavía veinteañero, de técnica y nervio superimpetuosos y de musicalidad un tanto pálida.
Quizá se encuentra, todavía, bajo el síndrome del concurso, como forma de ayuda y constatación de valor para los jóvenes artistas que tienen también la posibilidad de una resta. "Cruz y raya", debiera ser acaso el emblema de las competiciones. De ahí que Paloma O'Shea, ante el evidente peligro, haya decidido modificar su concurso a partir de este año. Sin dejar de serlo, perderá el carácter de combate demasiado duro y deportivo en el que tantas bellezas mueren a manos de la brillantez virtuosista. El solo hecho de que se programe en Santander una prueba de conciertos de Mozart ya me parece revelador.
Alexei Sultanov
Ciclo Medalla de Oro de la Fundación Albéniz. Alexei Sultanov, pianista. Obras de Mozart, Chopin, Rachmaninov, Scriabin y Llszt. Auditorio Nacional. Madrid, 24 de mayo.
Alexei Sultanov inició su actuación con la Sonata en do mayor K-330, de Mozart, en la que muchas bellas sonoridades y soluciones de ejecución de gran categoría se sostenían mal por lo gris y esfumado del pensamiento musical. En menos grado sucedió otro tanto con Chopin (dos Scherzi y la Polonesa en la bemol), como si el concertista buscase antes vencernos que convencernos. Para lo primero, echa mano de su gran poderío técnico-mecánico y de sus ricas posibilidades dinámicas, por lo que, consecuentemente, tuvimos lo mejor de su actuación en la segunda parte, con Rachmaninov, el Scriabin fronterizo de la Quinta sonata y el Mephisto-Vals.
Cierto que Scriabin se resintió de exceso de bravura, pues en su obra hay mucha más música que la recibida ahora; sin embargo, el Estudio-cuadro en mi bemol, de Rachmaninov, tan buen pianista como compositor, junta dentro de un lenguaje tardo-romántico música y virtuosismo. Sultanov fue muy aplaudido y se vio obligado a conceder dos bises.


























































